17 agosto 2008

Malawi: El corazón cálido de África

Así es como llaman a este pequeño país, antiguo Nyassaland, del este de África, donde hemos quedado el 4 de Julio con unos amigos en Lilongwe, su capital, para lo que salimos ¡el 1 por la tarde!
Es impresionante cómo funcionan las cosas aquí. De hecho, parecen más bien no funcionar, pero finalmente, más finalmente de lo que te gustaría, salen.
Ryszard Kapuściński cuenta en su libro "Ébano" cómo europeos trabajadores de ONG o empresas en África se vanaglorian de haber vivido en este continente cuando, en realidad, no han salido de sus jaulas de oro, de su coche con chófer y de restaurantes y locales caros para turistas y poco más, por lo que en Lagos (capital de Nigeria) decidió alquilar un piso cualquiera, en un barrio cualquiera, para poder tener la experiencia de vivir realmente en África.
Siguiendo sus patrones, la verdad es que yo no puedo vanagloriarme, ni lo pretendía, de vivir en África, pero estar tres días en transportes locales para llegar de Beira, Mozambique, a Lilongwe, Malawi, es lo más cerca a "vivir" África.
Para hacerse una idea, esquematizo las etapas:
Día 1:
Chitengo-Chimoio: En coche desde el parque, unas dos horas. Chimoio es una pequeña ciudad donde cogeríamos el machibombo (autobús más o menos normal pero con más de treinta años, al menos en apariencia) a Tetè.
Día 2:
Chimoio-Tetè: Machibombo, saliendo a las 4 de la mañana y con solo un pinchazo en el camino. Ocho horas para algo menos de 400 kilómetros; menos un trozo, la carretera no está mal.
Tetè-Mwanza: Chapa (pequeña furgoneta para 16 donde metieron 26 personas, dos cabras y seis gallinas, y eso gracias a que pagamos una plaza de más, para tener un poco más de hueco) que cogimos nada más bajarnos del machibombo con destino a la frontera de Malawi, para llegar lo antes posible y que no estuviera cerrada. Unas seis horas para menos de 200 kilómetros. Visado de Mozambique caducado por un día. Sin problemas fronterizos pero con problemas articulares.
Mwanza-Blantyre: Matola (chapa malagüeña), aparentemente mejor, pero la misma historia. Tres horas para 70 kilómetros. Desesperante.
Día 2:
Blantyre-Lilongwe: Autobús a las siete de la mañana, como llegamos un poco tarde vamos de pie. Cinco horas para poco más de 200 kilómetros. Ya en Lilongwe todo el mundo sabía dónde estaba el albergue al que queríamos ir por lo que sólo estuvimos un par de horas buscándolo de matola en matola.
Una vez en el albergue, a descansar el resto del día.
El día 3 lo dedicamos para ir a la embajada de Mozambique a gestionar nuestros visados de entrada, así como los visados de entrada de nuestros amigos, ya que, según nos dicen en la embajada, en nuestra puerta de entrada a ese país, Cóbuè, no se dan visados, cosa que unos días más tarde comprobaríamos como falsa.
Esa noche conocemos a unos cuantos cooperantes españoles con los que nos vamos a tomar algo por ahí, mientras nos cuentan unas cuantas cosas sobre el país.
Lilongwe es la ciudad más verde que he visto en mi vida; parece muy agradable para caminar, aunque está un poco dispersa y como ciudad es un tanto extraña, casi parece más una zona residencial muy grande, con pequeños jardines muy cuidados en cada esquina.
Hay dos zona principales, el "City Center" donde están las oficinas, bancos, embajadas y demás, con una reserva forestal muy grande en todo el medio, y el "Old Town" o "Towny", que es la zona más comercial, llena de gente, movimiento y tráfico. En ninguna de las dos partes hay viviendas, la gente vive en los suburbios de las afueras, lo que no quiere decir que las calles no tengan vida. La gente en África pasa la mayor parte de su vida en la calle porque sus casas son exclusivamente para dormir... y no siempre.
El día 4 conocemos a John, un zimbabuano recién venido de Irlanda, donde ha vivido los últimos 6 años, que quiere establecerse en Malawi, para montar un lodge turístico. De momento, y para sacarse unas pelillas, hace de transporte al aeropuerto en el sitio de mochileros en que estamos, el "Mabuya Camp", un sitio recomendable si vas con tienda, no tanto si tienes que pernoctar en los dormitorios que colindan con el bar (¡abierto hasta el amanecer!).
El caso es que mientras nos dirigimos al aeropuerto con John, hablando, hablando, llegamos al acuerdo de ir con él al parque que queríamos ir, compartiendo gastos, lo cual es un chollo impresionante ya que su vehículo es un Land Cruiser preparado para safaris.
John resulta todo un personaje y los días que pasamos con él son casi los mejores del viaje. Tiene unos 45 años, ha sido triatleta profesional, y todavía se le ve en una forma envidiable, actualmente es masajista y quiere hacer de su lodge un lugar especial, donde su profesión sea un extra y una razón para ir. Actualmente tiene previsto venir a final de este mes a visitarnos a Gorongosa, lugar que conoce de su niñez pasada en Harare. En un momento dado, tras varios días juntos, nos espeta un sorprendido: ¡Pero es que no paráis de reír! La verdad es que no los pasamos muy bien esos días.
Cuando ya estamos todos, esto es Fran, Álvaro, Chus, Mónica y yo, junto con nuestro nuevo amigo, John, nos levantamos pronto para ir al Parque Nacional de Liwonde, a solo unas tres horas con vehículo propio.
A quien madruga... dicen, pero nada más lejos de los hechos acaecidos ese día. Una vez cargado todo en "nuestro" súpercoche y con las compras hechas, nos dirigimos a una gasolinera a repostar diésel en los dos depósitos del todoterreno.
En inglés no existe la doble negación como en español, de modo que si tu preguntas: ¿No hay diésel? la respuesta en español en caso negativo sería: No; pero inglés la respuesta a la misma pregunta sería: Sí; lo cual puede resultar un tanto confuso al principio y entre desesperante e hilarante tras recibir la misma respuesta en todas (¡sí, todas!) las gasolineras de Lilongwe.
Parece ser que un rumor sobre la posible subida de carburantes en el país, ha hecho que la gente se aprovisione como loca y el diésel se ha acabado. Tras varias horas dando vueltas y algunas más esperando una cola inamovible en una gasolinera que aparentemente tiene diésel, llegamos a una agencia de viajes desde donde llaman a la central de Total y nos dicen que a las dos de la tarde un camión cisterna estará llenando una gasolinera en la zona del City Center. Siguiendo lo que creemos un rumor más, nos ponemos a la una de la tarde los primeros en la cola de dicha afortunada gasolinera.
Para nuestra sorpresa poco después de las 2 llega una camión cisterna.
Para nuestra desesperación vacía su carga por gravedad, lo que lleva más de dos horas.
A eso de las cuatro y media salimos, ¡por fin! hacia el anhelado parque.
La llegada al mismo ya es por la noche y nada más cruzar la puerta vemos un cocodrilo atravesado en el camino. Afortunadamente decide hacerse un lado permitiéndonos el paso.
En el parque nos alojamos cuatro días en el lodge "Chinguni Hills", un sitio muy bonito y con muy bonitas vistas.
Ha costado, pero ha merecido la pena.
Los siguientes días los dedicaríamos a conocer el parque, tratando de avistar todos los animales de la sabana.

En el Mabuya Camp, tomando una cervecita malagüeña de marca Kuchi Kuchi


El "Chunguito Hills" con "nuestro" carro a la puerta


Echando una siestecita


Álvaro se tomó la siesta más en serio


Vistas del río Shire desde el restaurante del Mvuu (hipopótamo en chichewa, idioma predominante en esta parte del país)


Recién llegados de España (tras pasar por Roma, Addis Abeba y Lilongwe y perder la maleta de Álvaro) en el mismo sitio que la anterior


Chus y Álvaro sonrientes y lozanos, asoman sus esbeltos cuerpos por la trampilla del techo del coche


Poco antes de llegar al Mvuu, estaban estos babuínos teniendo algo más que palabras


Estos otros se mostraban algo más sociales. ¡Me encanta la libertad absoluta de los animales!


Una hembra Kudu con su cría entre los pajonales


Foto: Mónica López Conlon
En este parque los elefantes son bastante numerosos y junto a los hipopótamos, fue lo único que se salvó de la invasión del parque sucedida a mediados de los 90 y que acabó con casi todos lo antílopes


Río arriba del Mvuu, hay una gran colonia de aves, sobre palmeras. Una zona muy bonita y llena de vida


Fran es salvado del feroz ataque de un rinoceronte gracias a las fuertes, recias y decididas manos de Álvaro, en el centro de interpretación del Mvuu


Mónica salió a navegar en el mismo centro. No llegó muy lejos


Foto: Mónica López Conlon
En el extremo norte del parque está el embarcadero que cruza el río junto a un baobab cubierto con una higuera estranguladora. En la foto, con algunos locales que esperan el paso al otro lado. Al fondo se ven dos elefantes paseando


Chus al lado del baobab-higuera


Desde dentro del baobab-higuera


Saliendo del interior del árbol


A la vuelta a nuestro lodge, Álvaro se empeñó en poner en peligro la vida de todos


Ya llegando, ¡de milagro!, presenciamos este atardecer que dio pie a numerosas fotos con la técnica de HDC, heredera digital de la no menos espectacular técnica PSI


Chus, empeñado en que le gustan los árboles secos y sin hojas, no quería dejar pasar la oportunidad de fotografiarse junto a uno


Y Fran y Mónica con sus habituales tonterías


Navegando por el río Shire, viendo la vida pasar... e hipopótamos


Fran y Álvaro, que no dejaban escapar la oportunidad de posar para poner una buena foto en el messenger con la que vacilar a las churris. Otra vez será...


Pequeña salamanquesa en medio del camino, en medio de la noche


Flores de "saby star", así llamado por ser muy común en el río Sabi, entre Zimbabwe y Suráfrica, (thank you Grant) o arbusto impala

El siguiente capítulo versará del resto del viaje a Malawi, justo hasta la apoteósica entrada a Mozambique.

12 junio 2008

Mbale Ndi Phaza

Bueno yo tampoco sé lo que significa ni cómo se pronuncia, pero sé lo que es.
Es una asociación de mujeres agricultoras, con las que el programa de Mónica ha empezado hace unos meses a trabajar. Además de ella, han sido fundamentales en él, Grant y Rosa (asesora e intérprete).
Todo el tema me parece un rotundo éxito, aunque es pronto para cantar victoria y todavía requiere de mucho trabajo.
Al tema.
Una serie de mujeres de Vinho, el pueblo de al lado del que ya os he hablado, formó una asociación para trabajar juntas un terreno para cultivar (esto, aparte de sus propias machambas) y pidieron ayuda al parque para que éste les aconsejara y les asesorara en distintos temas, que van desde el asesoramiento de técnicas agrícolas, hasta el comercio y distribución del producto.
Aprovechándose de la mejor época para la agricultura en estas zonas, en apenas el tiempo que llevo aquí, han plantado las semillas, trasplantado los plantones, regado, cuidado, limpiado, desinsectado, recogido, transportado y, finalmente, vendido al parque productos que ya nos estamos comiendo.
Fui por primera vez a ver las huertas con Grant, el asesor técnico del proyecto, (ver su punto de vista, en inglés, aquí) y ya tenían las camas donde se plantan las semillas, llenas de plantones a punto de transplantarse y con problemas de plagas. Pensé que sería un trabajo arduo y con poco futuro (¡yo siempre tan optimista!) y sentí un tremendo reconocimiento por esas mujeres tan trabajadoras... bajo un sol de justicia.
La huerta es ecológica, orgánica o biológica o como quieras decirlo, pero no por opción personal, si no por falta de otras opciones.
Se suele pensar que los cultivos orgánicos (esta es la denominación que más me gusta, son cultivos sin pesticidas, insecticidas ni fertilizantes químicos) son menos rentables que los normales, pero en éstos últimos jamás se cuantifican los gastos en químicos a la hora de calcular la rentabilidad. Si así fuera, veríamos que la rentabilidad en la producción agrícola no es tan diferente y si no fuera por las vergonzosas subvenciones agrícolas europeas, casi todos los agricultores de nuestro país se pasarían a cultivos orgánicos.
Estas huertas al no tener dinero, no les queda otra opción que ser orgánicas, y la verdad es que de momento les va muy bien.
Cultivan en la zona de inundación aluvial del río Pungwè, con lo que se asientan en zonas muy fértiles y los fertilizantes artificiales son innecesarios. De todos modos ya están pensando en métodos de compostaje para fertilizar en el futuro otros terrenos menos afortunados.
Las plagas, en estos cultivos, son más raras porque se basan en el cultivo de muchos diferentes vegetales. Al haber distintas especies en una misma huerta, un insecto puede atacar a un producto, pero al no ser exclusivo y dominante no puede convertirse en plaga. Además al haber otros vegetales con otros insectos que tampoco llegan a ser plagas, son atraídos otros insectos y otros depredadores que combaten el posible exceso de los primeros.
Por supuesto a veces hay que usar otros métodos y desinsectar a mano.
En un proyecto de desarrollo, uno de los factores más importantes es la actitud de la gente y el hecho de que hayan sido las propias agricultoras las que inicialmente pidieron ayuda, favorece mucho el desarrollo posterior del proyecto.
Además el hecho de que sean mujeres añade otro factor muy importante al tema, ya que en la mayoría de los casos, estas mujeres era la primera vez que se ganaban su dinero y disponían de él (lo que no significa, ni mucho menos, que fuera la primera vez que trabajaban, llevan toda la vida haciéndolo, pero lo que recogían era para consumo familiar básicamente).
La palabra "comodín" en el mundo de la cooperación al desarrollo es empoderamiento. Esto es una traducción del término inglés "empowerment", pero resulta que esta palabra ya existía en castellano con un significado muy similar. El uso actual de esta palabra, delimita un poco el uso antiguo, y, aunque es difícil de precisar, consiste básicamente en capacitar y formar a las personas para que puedan tomar las riendas de su propia vida y tomar las decisiones que afectan a su futuro. Al tomar sus propias decisiones y no estar impuestas por ONG de fuera, los proyectos basados en el empoderamiento son más sostenibles a largo plazo.
Un buen principio para el empoderamiento es la proactividad, esto es, estar dispuesto a hacer algo y no esperar a que lo hagan o te digan lo que hay que hacer.
Esta asociación ha mostrado una gran proactividad, el parque les ha apoyado (además de asesoramiento, les ha subvencionado una bomba de agua a modo de microcrédito, otra de las medidas estrella en la cooperación) y les ha empoderado, y sigue haciéndolo, así que, sentando las bases de un buen trabajo, es de esperar que esta asociación tenga éxito.
Como además está formada por mujeres, el éxito estará mejor distribuido y usado.
Hasta ahora hemos comido lechuga, una especie de espinacas, tomates y repollo.
El último capítulo de esta historia es la instalación de la bomba y el tanque de agua para el riego por goteo. A partir de ahora el trabajo será un poco menos arduo y podrá prolongarse durante todo el invierno, hasta que en verano se inunden todas las márgenes del río para su fertilización.

Primeros pasos, los semilleros cubiertos para que el sol tropical no queme las plantitas


Recogiendo los frutos del trabajo


Listos para vender. Desde el río con las verduras en la cabeza (cada cesta pesaba más de diez kilos), para vender al parque. Cero emisiones en el transporte (bueno quizá algo de metano)


Los cocineros, encantados con la frescura y calidad de los productos y los consumidores también, aunque no haya fotos


Transporte del tanque a lomos de cabezas, aquí un momento del relevo. Lo peor no era el peso en este caso, si no el equilibrio, es increíble lo que estas mujeres llevan en su cabeza (¡y lo que aguantan sobre sus hombros!)


Instalación del tanque supervisado por Grant


Todas pendientes de la primera arrancada, se masca la tensión


Impacientes, tocan el tubo para comprobar que lleva agua


Por fin, el tanque se está llenando y cantan y bailan para celebrarlo. La emoción del momento hace que se me pongan los pelos como escarpias


A partir de ahora estos tomates crecerán con agua de riego por goteo


Y al final todos se van por dónde y cómo vinieron

Seguiré informando.

10 junio 2008

Cobras, leones, cascadas y otros cuentos

El viaje parece que me hubiera agotado las ideas, secado la sesera, enmohecido el cerebelo, almidonado el hipotálamo y reblandecido la corteza, pero no, sucede simplemente que todavía estoy clasificando fotos y todo ese tiempo frente a la pantalla, me quita las ganas de escribir y contar cosas. Además, tengo un montón de fotos nuevas de nuevas experiencias... esto es un sin vivir...
Sin embargo, hoy vengo con unos cuantos cuentos, acaecidos en algún lugar de la sabana.
Ya he visto mi primera cobra, una cobra escupidora mozambiqueña, que así se llama, y no es que sea esa su nacionalidad, afortunadamente para ellos, los animales son libres de esas estúpidas ataduras geopolíticas que nos hacen a los humanos la vida un poco, o un mucho, según, más difícil.
Era pequeña, estaba comiendo un sapo, también típico de aquí, en un pequeño agujero cerca del comedor, sin molestar a nadie, cuando vinieron a molestarla, sacarla del agujero, quitarle el sapo y finalmente matarla, porque, aunque estamos en un Parque Nacional, la dirección estima (in)oportuno matar a toda serpiente venenosa, lo cual es un problema muy grave, porque por aquí todas las serpientes son consideradas como tales hasta que se demuestre lo contrario, y como muy poca gente sabe algo de estos increíbles animales... ¡a la hoguera! ¡a la hoguera!
Pero esta misma mañana, el encargado de coger las serpientes, ha decidido hacer algo más oportuno con otra cobra capturada ayer y, sin que lo sepa nadie, nos hemos metido en el parque y la hemos liberado a cierta distancia de las instalaciones.

La cobra liberada en el interior del parque, ¡si hasta tiene cara de alegría! Lo de escupidora le viene porque es capaz de escupir veneno, además de inyectarlo con los colmillos. La gente dice que escupe a los ojos y que si te entra puedes quedarte ciego, lo cual es verdad, pero ciertamente difícil

Ya he visto mi primer león post-Kruger.
Bueno, era una leona y estaba preñada (tan preñada que casi seguro que ya no lo está).
Lo que más me gustó fue la sensación de autenticidad que tuve en ese momento, en contraste con los avistamientos de leones en Kruger. No estaba en una carretera rodeada de coches llenos de personas que sujetan cámaras con las que hacen (hacemos) fotos compulsivamente; sino al borde de una laguna, acechando a un facocero, rodeada de patos, garzas y cigüeñas. Obviamente la foto no es un retrato, pero me resulta mucho más real que todas las que tomé en Suráfrica.

La leona, paseando al borde de la laguna una vez que se percata que el facocero no va a ser su cena. Podéis observar su enorme barriga


El mismo día de la leona, fuimos a ver el anochecer al borde de una laguna y nos encontramos con estos dos juveniles de águila pescadora africana (nada que ver con la que se puede ver por las costas españolas, ésta se parece más, cuando es adulta, al águila calva americana, símbolo de EEUU)


Foto: Mónica López Conlon
Y un animal del que todavía no teníamos foto, un Nyala, es una hembra, el macho es bastante distinto. El rayo de luz que se coló un instante por el bosque, nos regaló esta imagen

Ya he montado en helicóptero.
Sí, ya sé que esto puede sonar muy frívolo, pero la verdad es que es una experiencia bastante interesante, más si lo que sobrevuelas es el lago Urema del parque, una zona preciosa llena de aves, cocodrilos, hipopótamos, antílopes y algún elefante.
El caso es que me fui con Rich a ayudarle con el censo de aves, para lo que fuimos a la zona donde está la que llaman "Casa de los hipopótamos" que está en una orilla del citado lago. En eso que llegó un equipo de una televisión de EEUU, que está rodando aquí un programa, en helicóptero y para tener silencio absoluto no se les ocurría otra opción que mandarnos a paseo... en helicóptero.
El vuelo fueron unos 30 minutos, muy tranquilos y suaves, al menos mucho más de lo que me había imaginado (siempre tengo la imagen de volar en helicóptero de Apocalipse now, cuando van a desayunar bajo el aroma del napal, por lo que la tranquilidad y suavidad no entraba en mi imaginería de volar en este aparato).
Como mi prosa no llega a describir lo que me resulta indescriptible, os pongo unas fotos para que os hagáis una idea, pero os aviso que mi fotografía tampoco hace justicia.

Las proximidades del lago Urema, con la típica vegetación de ribera de por aquí, con muchas palmeras


Otra vista donde se puede apreciar que los prados todavía están encharcados


Más hacia el interior la vegetación cambia, pasando de la típica de ribera a una sabana arbolada donde predomina una acacia, el árbol de la fiebre, cuyo tronco tiene clorofila con lo que no pierde oportunidad de hacer la fotosíntesis aun sin hojas


Un grupo de hipopótamos en el lago Urema. Solo vimos este grupo, pero en el lago hay muchos cientos de hipopótamos, aunque menos de los que debería, parece ser que estos gordinflones están muy buenos y en los años de la guerra, no quedó casi ni uno


Sobrevolando a un bando de pelícanos de espalda rosada volando.
¡Cuántas veces he visto documentales con imágenes parecidas!



Aquí se pueden apreciar muy bien los caminitos que hacen los herbívoros en los prados


Lo rojo es un tipo de helecho herbáceo muy raro que se llama Azolla y que no es nativo de aquí. Queda muy bonito pero no debería estar ahí


Sin ánimos de parecer pretencioso, esta foto me recuerda a la portada del libro de Yann Arthus Bertrand de fotografías aéreas que se ha hecho muy famoso últimamente, donde en lugar de una estrella de cuatro puntas, había un corazón . Este viaje me hace ver ese libro con otros ojos, ¡es dificilísimo fotografiar desde un helicóptero, se mueve mucho!

Ya he ido a las cascadas de la montaña de Gorongosa.
Aprovechando que otra periodista, esta vez británica, debía ir para hacer su reportaje, me acoplé e hice el mío.

La típica foto al llegar a las cascadas


Pero como yo buscaba algo más me puse a dar vueltas a ver que horteradas se me podían ocurrir y aquí va una muestra. En la parte de arriba de la foto se ve borroso y es porque el objetivo se llenó de gotas de agua de la cascada


Y otra muestra. La hoja estaba ahí

Como la zona de la montaña de Gorongosa tiene bastantes problemas de deforestación, el parque está invirtiendo bastante dinero y entre otras muchas cosas está haciendo viveros de plantas de la zona para reforestar. El vivero recrea, con muy poco presupuesto y mucho ingenio, las umbrosas condiciones donde crecen los plantones de los árboles de la selva. Esta zona de la montaña, tiene bosque tropical lluvioso siempre verde, ¡vamos selva húmeda auténtica!

Vista interior del vivero de Nhancucu


Y vista interior de la escuela de Nhancucu. Esta escuela, aún en uso hasta que terminen la nueva que se está haciendo con ayuda del parque, da cabida a 150 estudiantes de cuatro niveles distintos con un profesor. ¿Será éste el futuro de los colegios públicos en Madrid? Espe...remos que no

Y para terminar una foto de una planta de la familia de los alóes que está en el jardín de casa. El original está en horizontal claro.

La próxima entrada será algo mucho más transcendental e importante.
Hasta entonces disfrutar de las fotos... o no.