09 diciembre 2007

En Tofo

Aprovechando unos días libres de Mónica, para mí todos los días son libres de momento, nos fuimos a bucear a Tofo en la provincia de Inhambane y enfrente de este histórico puerto.
Tofo es un área de buceo bastante famosa donde se da una buena concentración de tiburón ballena y manta raya, además de miles de peces de miles de colores y otros miles de invertebrados de otros miles de colores (léase estrellas de mar, nudibranquios, anémonas, corales, caracoles...)
Pero antes de ir había que llegar y para llegar había que coger un bus unas doce horas.
Aquí los buses pequeños les llaman "chapas", son pequeñas furgonetas de esas de Nissan de hace unos cuantos años con nueve plazas que aquí se convierten en 18 más conductor. Pero el que nos iba a comprar los billetes nos aseguró que no era una chapa, donde yo no me meto ni loco, ya no estoy para estas cosas.
Cuando llegamos a coger el bus, vimos, con más desesperación que resignación, que era un chapa, más grande, pero chapa.
Lo de más grande puede parecer un alivio, pero nada más lejos de la realidad; lo de más grande significa más espacio y más gente.
Así que en un minibus de unas 15 plazas, aquí meten 30; y como cobran un extra por llevar las maletas en la baca, todo el mundo las llevábamos en el interior. Primero entran los de atrás, les rellenan con maletas y así hasta que está lleno todo el "chapón".
Había una horrible y futurista película de Stallone, donde va conduciendo un coche en compañía de una no menos horrible Sandra Bullock, y de repente se estrellan pero no pasa nada porque una especie de espuma les envuelve. Bueno, pues la función de la espuma la realizaban las maletas, bolsas y demás, así que por nuestra seguridad no estábamos preocupados, estábamos preocupados por el "síndrome de la clase infraturista": ¡diez horas sin poder mover un músculo!
Salimos de Chimoio a las 4 de la mañana. Quince minutos más tarde paramos para ver por qué el tubo de escape se ha metido en el autobús mientras los pasajeros han sacado las cabezas fuera. Yo pensaba que era el final del viaje. Piden un cuchillo, levantan una tapa entre el conductor y el acompañante que da al motor y en unos minutos está arreglado.
Cuesta el arranque; cuesta meter la primera marcha... y la segunda... pero finalmente tira.
Vamos cogiendo la posturita y finalmente y debido al madrugón, caemos dormidos.
A eso de las siete de la mañana y tras tres horas de sufrimiento, nos despierta un gallo histérico que se ha escapado del maletero y ha entrado en la cabina para escándalo de los pasajeros que entre dormidos y somnolientos actúan ante él como si fuera la primera vez que ven uno; se mueven sin poder moverse de un lado para otro, agitan los brazos sin poder agitarlos y gritan como locos sin poder gritar.
Después de esto ya no podría dormir más.
Para la vuelta nos encargamos nosotros de comparnos los billetes en la compañía adecuada (Pantera Azul, por si venís por aquí, ¡no viajéis en otra!) y así pudimos disfrutar de un bus normal, con aire acondicionado, televisión (aunque pongan la más horrible aún "Días de Gloria" del tan horrible como la anterior, Tom Cruise), asientos reclinables, piscolabis y cuarto de baño.
Lo más alucinante de todo es que ambos transportes cuestan exactamente lo mismo.
Y entre ambos viajes, pues disfrutamos de Tofo, buceamos, visitamos Inhambane, que era un puerto comercial importante antes de la llegada de los portugueses, dominado por los árabes que controlaban el comercio en todo el Índico.
El buceo como he dicho antes, increíble. No vi tiburón ballena, y debo ser el único que no lo ha visto en una visita a este lugar, pero bueno otra vez será. Lo que sí vi fue manta raya.
Estaba yo haciendo una especie de curso de buceo profundo, (a unos 30 metros, ya ves tú qué profundidad, pero es que aquí son muy suyos), cuando de repente la vi pasar.
Era como las naves imperiales en la Guerra de las Galaxias...
¡No!, era como las naves imperiales en la parodia de Mel Brooks "Spaceballs"
Era enorme, estaba en lo que se llama una estación de limpieza, un punto donde los animales grandes van buscando peces que les desparasiten, por lo que estaba muy tranquila, casi sin avanzar, flotando en el agua sin aletear y si se movía era por la pequeña corriente. Pude disfrutar de ella unos larguísimos e intensísimos segundos, hasta que de un suave y elegante aleteo, desapareció de nuestro campo visual.
Además, como comentaba arriba, hemos visto miles de cosas; la verdad es que es un mar con muchísima vida y muy variada.
En Galápagos, recuerdo que había mucha vida, pero no recuerdo que fuera tan variada.
Después de estar el año pasado en Baja California Sur trabajando en un censo de invertebrados marinos, donde muy meticulosamente recorríamos grandes superficies, aquí los buceos se me hicieron cortísimos, quería pararme a mirar cada detalle, cada pez diferente, cada estrella, cada molusco... pero la bombona apenas da para 35 minutos (aquí se empeñan en hacer una parada de seguridad a los 12 y otra a los cinco metros, así que hay que guardar aire...)
Por lo demás, compartimos una larga conversación muy interesante con una pareja de Barcelona, él es médico y daba clase en la universidad de medicina de Beira, aprendimos a jugar al Bawo con unos holandeses que lo habían adquirido en Malawi, buceamos con varios catalanes y madrileños y evitamos el centro de buceo dirigido por surafricanos que no saben ni a cuánto está el metical.

Mónica más contenta que unas castañuelas al llegar a Tofo, una vez superados los espamos producidos por el síndrome de la clase infraturista


Vista a la izquierda de la playa desde el sitio donde nos alojamos


Vista a la derecha desde el mismo sitio


Niños jugando en la playa. Juegan con un palo al que han puesto un eje perpendicular que ha dotado con ruedas provenientes de latas de cerveza. El de amarillo además se había hecho un volante y movía el eje con hilo de sedal


En el mercado de Inhambane, comprando algo de artesanía que no parecía la típica artesanía globalizada tan de moda en todas partes (bueno los batik sí están globalizados)


Viendo fruta para ver qué compramos: los mangos buenísimos


La señora que finalmente nos convenció, y probablemente timó, ingenuo musungu...


El mercado callejero de Tofo, más turístico, donde vendían capulanas y pareos mientras freían camarones a la parrilla


Las barquitas con las que van a faenar los marineros de aquí. Apenas cabe uno y mal sentado, no tienen sombra y se pasan todo el día pescando


Los niños se dedican a hacer pulseras con conchas que encuentran y cuentas y se las venden a los turistas, y claro te llegan con esa cara de no haber roto un plato jamás y cualquiera no se las compra


Mónica que seguía más contenta que unas castañuelas, en el bar donde parece que se ha bebido ella mi cerveza


Dhow tradicional que usan en Inhambane para cruzar a Maxixe, todavía en el lado de Inhambane


Aguantando en el "ferri" entre Ihnambane y Maxixe, con la cestita recién comprada y llena de mangos bien maduritos
Foto: Mónica López Conlon


Más dhows aparcados esperando pasajeros


Y como no pude hacer una foto a la manta raya pues al menos pongo unas fotos de Mónica de algunas de las increíbles estrellas que vimos. Lo de la esquina inferior derecha es la sombra del flash, la cámara no está muy bien pensada...
Foto: Mónica López Conlon


Otra estrella.
Foto: Mónica López Conlon


Y otra más.
Foto: Mónica López Conlon


A falta de manta raya, valga esta preciosa rana que vimos por ahí


Pasando por Nhamatanda de camino al parque. Esto es la Nacional I y como véis está hasta arriba de gente en los laterales. Una cosa que me ha impresionado mucho es la cantidad de gente que hay en la calle y en las carreteras
Y por basta por ahora.

3 comentarios:

joselito el de la voz de oro dijo...

La rana mola un huevo!!
Como pueden costar lo mismo los dos autobuses??, tienen los locales restringido su uso??
saludos envidiosos

Iñaki Abella Gutiérrez dijo...

No tienen restringido el uso, pero yo creo que lo ven tan lujoso que ni se atreven a preguntar. De todos modos es probable que no les dejen montar en ese tipo de autobuses las gallinas, las cabras y demás aparejos comunes en la vida de por aquí.

Paola dijo...

Experiencia inolvidable de la "chapa" eh? 12 horas de viaje infraturista que han servido para 10 minutos de risas, solo de imaginarme tu cara durante el viaje.
Sigan disfrutando de aquel maravillosos continente!