03 febrero 2007

¡Por allí sopla!

Es lo que decían en la famosa novela de Herman Melville (al menos en la tradución española que estoy leyendo), y es lo mismo que decíamos cuando avistamos un soplo en el horizonte, mientras navegábamos por el Mar de Cortés.
La experiencia ha sido tan buena, que me gustaría repetirla... pero tengo tanta suerte que la voy a repetir. Este mismo martes me vuelvo a embarcar en en Pezsapo II, un pequeño barco de pesca adaptado para el avistamiento de ballenas, (pezsapo, es el nombre común de por aquí, del tiburón ballena).
Lo que realmente marca la diferencia entre observar ballenas y lo que hicimos nosotros, es que nosotros fuimos acompañando al equipo de investigadores de la Universidad de Baja California Sur, dirigido por Jorge Urbán, un especialista en mamíferos marinos muy reconocido.
¿Y qué hay de diferente? Pues que cuando se ve una ballena en viajes turísticos, rezas porque ésta se acerque, ya que está prohibido acercarse mucho y de hecho no se pueden perseguir. Cuando veíamos una ballena nosotros, nos subíamos, cual capitán Ahab persiguiendo a Moby Dick, en una panga rápida y la perseguíamos, hasta conseguir las fotos necesarias para la fotoidentificación y la muestra de piel y grasa subcutánea necesaria para la biopsia (eso se consigue disparando unas flechas especiales con una ballesta).
¡Vamos! que había que acercarse mucho.
¡Vamos! que muy peliculero, pero real, real e intenso... muy intenso.

Las pangas arrastradas por el Pezsapo, detrás la isla San Francisquito

Además, al ir acompañados por investigadores, se aprende muchísimo, y no las típicas leyendas que cuentan los guías.
Mi primer avistamiento en panga, fue de un grupo de unos 20 cachalotes (cada uno de ellos de más de 15 metros de largo y unas 50 toneladas, tres veces más largos que la panga y muchísimas veces más pesados).

Lo más parecido a una foto de cachalote que tengo ahora disponible, Jean junto a un cráneo varado hace años

Después de conseguir la muestra de piel y grasa, el cachalote tomó aire, arqueó su cuerpo más de lo normal (lo que nos dice que se está preparando para una inmersión larga) y sacó la aleta caudal del agua (que sólo sacan para sumergirse verticalmente durante las largas inmesiones).
A través de mi objetivo fotográfico de 300 mm, lo estaba viendo todo muy bien; el orificio nasal ladeado a la izquierda, el soplo que sale dirigido a ese lado, la pequeña aleta dorsal y la gigantesca aleta caudal, cuyas puntas quedaron amputadas en la primera foto que disparé, ya que no me la esperaba tan grande.
Cuando se ve navegar una ballena superficialmente, comienza asomando la cabeza, luego el orificio nasal, que abre y cierra para respirar, luego va saliendo el lomo, que es como estos trenes que nunca dejan de pasar cuando tienes prisa, posteriormente la aleta dorsal y finalmente la cola, que puede sacarla o no, según se vaya a sumergir o vaya a seguir navegando superficialmente.
Además de cachalote, vimos ballena azul, el animal más grande que jamás ha existido, comiendo, lo que la hace parecer mucho más grande ya que llena su garganta con miles de litros de agua que luego filtra con sus ballenas para quedarse solo con el krill; rorcual común, por los dos lados, que es lo bueno, ya que esta ballena tiene la mandíbula izquierda negra y la derecha blanca; rorcual tropical, yubarta, exhibiéndose con saltos espectaculares (¿cómo es posible que un animal de más de 40 toneladas pueda salir completamente del agua de un impulso?); calderón tropical, delfín mular y delfín común, estas tres últimas especies en grupos que van de 50 a 300 individuos.
Tanta ballena y tanta adrenalina generada por sus avistamientos, casi me hace olvidar de los increíbles paisajes por los que hemos navagado, desde el Parque Nacional de Espíritu Santo al Parque Nacional Bahía de Loreto, pasando por infinidad de islas deshabitadas y protegidas con excelentes y preciosas playas, donde acampábamos para dormir.

Pisando tierra firme tras un primer día un poco movido para algunos. Isla de San Francisquito


Playa de Punta Gato, en la costa entre La Paz y Loreto

Para la próxima, espero tener alguna foto digital de ballenas grandes, para que algún suspicaz no piense que me ha poseído el espíritu errante y atormentado del Capitán Ahab, pero es que cuando me subía a la panga para acercarnos a las ballenas, me llevaba sólo mi cámara reflex con diapositivas, así que sólo puedo mostrar algunas fotos tomadas con la cámara digital desde el barco, a los juguetones delfines que disfrutan poniéndose en la proa de barco.

Algunos estudiantes fotografiando delfines mulares en la proa del Pezsapo II

2 comentarios:

Carlos dijo...

Increible,....., que suerte compartir el avistamiento de ballenas con un especialista. Im-preionante.

Anónimo dijo...

Está muy bien eso de que ilustres tus actividades con buena literatura alegórica.

Disfruta de las ballenas, pero no te obsesiones como hizo el Capitán Ahab. Moby Dick, ballena blanca, ausencia de color, ausencia de intencionalidad, frente a la obsesión de Ahab de acabar con ella a cualquier precio.