13 marzo 2006

Las Salinas

Las Salinas es una playa de la isla de Baltra, una pequeña isla cerca de la isla de Santa Cruz, la que tiene la población más importante del archipiélago. Lo sobresaliente de esta isla, es que es donde está el aeropuerto a donde llega todo el mundo, y que no pertenece al parque nacional, ya que es de las FAE (Fuerzas Aéreas Ecuatorianas), así que el permiso de monitoreo de tortugas marinas no hay que pedirlo al Ministerio del Ambiente, ni al Parque Nacional de Galápagos ni a la Estación Científica Charles Darwin. Hay que pedirlo al ejército.
Para ser justos hay que decir que la isla tiene dos aeropuertos, el de uso actual y otro que usaron los gringos en la segunda guerra mundial, mucho más grande y mejor, pero en desuso por que corre la leyenda de que está minado. Digo leyenda porque lo he recorrido dos veces andando y no he "encontrado" ninguna mina, lo que, con la suerte que tengo, significa que simplemente es una leyenda.
En las islas Galápagos, además de las famosas tortugas gigantes, también hay tortugas marinas que anidan en sus playas, pero por la enorme fama de las terrestres, aquéllas se encuentran relegadas al olvido.
Aún así, la estación lleva desde hace cinco años un programa de monitoreo de tortugas marinas en cuatro playas de las islas, que a todas luces es insuficiente para lo que debe haber.
En este programa participó durante tres meses Mónica cuando estuvo aquí hace dos años, yo gracias a la relación que tuvieron la organización para la que trabajo con la responsable de este proyecto, pude participar durante una semana en el monitoreo de la playa de Salinas, que sólo iba a hacerse esa semana y gracias a que yo estaba disponible, como después me he enterado.
La verdad es que ha sido una experiencia increible, no el hecho de trabajar con tortugas, lo que llevo haciendo los últimos tres años, sino poder estar en una playa galapagueña durante una semana seguida.
Esto quizá os parezca poco estimulante, pero hay que decir que las playas aquí tienen horarios como las tiendas, bueno, como las tiendas gringas, de 6 a 6, por lo que poder quedarme a ver el amanecer y el anochecer (ya veréis las bucólicas fotos que sé que os gustan tanto), ha sido un privilegio que desde luego he disfrutado.
El trabajo con las tortugas era más de lo mismo, básicamente.
Llo bueno era la cantidad de aves que hay en la playa y en las lagunas que hay detrás de la playa, lo cerca que se pueden ver y observar. Así pude ver por ejemplo, gaviotines posados en las cabezas de pelícanos, como aparece en las fotos de los libros y en los documentales, alacatraces de patas azules (que aquí llaman piqueros y en inglés boobies, por lo que venden por todas partes camisetas con la frase "I love boobies" a lo que, desde luego, me adyero), fragatas, ostreros, garzas, gaviotas, petreles, correlimos y demás aves que ya veréis en mis fotos... aunque no queráis.
A la playa fuimos Paola, una compañera del proyecto para el que trabajo y un asistente del proyecto de tortugas marinas que se llama Ítalo Bravo, que más que un nombre parece una consigna tiffosi para el próximo mundial y con el que, sin recordarlo, había coincidido brevemente en Costa Rica hace dos años.
El día transcurría lentamente bajo una pequeña sombra hecha con un plástico negro, alternado con un poco de apnea y un poco de fotografía, con trípode y todo. La verdad es que de esta playa he hecho más de tres carretes de los de antes, osea, esos que van enrrollados en un cilindro y que hay que mandar a revelar y que apenas tienen una capacidad de 36 fotos. Lo bueno es que luego puedes organizar una proyección y aburrir a tus amigos con ellas, ya que la calidad es infinitamente superior a los nuevos formatos, así que... como dice mi hermano en su bitácora, "el que avisa... es avisador" y avisados estáis, amenazo con una larga proyección cuando regrese que incluirá cosas de Costa Rica, Panamá y Galápágos y a la que estáis obligados a asistir.
A la vuelta habíamos quedado con un camionero para que nos recogiera a las 8 de la mañana y a eso de las doce ya estaba por allí. Cruzamos el canal que nos separaba de la isla principal y la carretera estaba cortada por la policía porque ese era ¡el gran día!
Resulta que durante toda la semana dos taxistas habían estado discutiendo quien corría más. La disputa fue extendiéndose como la pólvora y los colegas de los taxistas habían comenzado con las apuestas a favor de uno u otro contrincante.
Justo cuando llegamos, la policía había cortado la carretera, puesto unos conos para delimitar la pista de carreras y estaba a punto de dar el pistoletazo de salida a la "carrera de los dos gordos".
En cuanto estubo todo preparado se quitaron las camisetas, para mostrar su condición de gordos aptos para la "carrera de los gordos", supongo; se colocaron en sus puestos y comienzaron a... correr... no sé si se puede llamar correr a eso, pero iban y venían, aparentemente lo más rápido que podían, subiendo y bajando la cuesta, subiendo y bajando los michelines en la vertical de sus cuerpos.
Yo me estaba temiendo lo peor, a saber, que a uno de los gordos, sino a los dos, le daba un infarto y teníamos que estar allí parados hasta que el juez levantara el cadaver, aumentando muy considerablemente nuestro ya muy considerable retraso de cuatro horas. Afortunadamente ninguno de los dos gordos sufrió del músculo cardíaco, aunque uno de los dos sí debió sufrir del corazón, puesto que tuvo que pagar al otro 30 $ (el sueldo de un buen día de trabajo, por estos lares) por una carrera de apenas 200 metros que duró, y no exagero, más de cinco minutos.
La anécdota me alegró un día que me había quemado bastante por una larga espera bajo el inclemente sol ecuatorial.

Y ahora unas fotos para vuestro deleite ... o no.
Esta es de las lagunas que hay detrás de la playa y que cuando hace mucho calor, osea casi siempre, y llueve muy poco, osea casi siempre, precipita sal y por eso la playa se llama Las Salinas (por si ya lo habiáis olvidado). Las huellas son de algún ave... digo.


Esta es una puesta de sol, de las primeras que he visto aquí puesto que era la primera vez que estaba orientado al oeste. La isla del fondo es Dafne Mayor, donde se lleva el estudio evolucinista más largo de la historia, (comenzó en 1978 y si Darwin levantara de su tumba se moriría de la impresión de ver cómo funciona realmente su teoría de la selección natural). El ave volando se coló en la foto y queda de lo más hortera, por eso que pongo esta foto, y es un pelícano.


Este era nuestro precario campamento, donde se puede observar el sombrajo que montamos con un plástico de apenas nueve metros cuadrados y donde pasábamos prácticamente todo el día que no pasábamos en el agua. Los depósitos verdes, chimbuzos aquí, contienen el agua para todos los días.


El equipo tortuguero, de izquierda a derecha, Paola, compañera de trabajo y también de campamento, Ítalo, asistente del proyecto de tortugas marinas y, como dicen aquí, un servidor.


Y esta es una foto que básicamente pongo para que me vea mi madre. Nada tiene que ver con las tortugas, está tomada en un sitio que le llaman "Las Grietas" y que no es más que una grieta cerca del mar, pero sin conexión directa con él. Los peces entran y salen no se sabe por donde, las aguas son muy cristalinas y la profundidad muy grande. Hay varios puntos, más o menos altos, desde los que uno puede lanzarse al agua, pero afortunadamente no estaba Mónica y no tuve que tirarme.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡pues tú te lo pierdes lo de no saltar!!... mariconcete...

Paola dijo...

Lo mejor de tu bitácora es que guardas hasta los recuerdos compartidos. Me había olvidado de la carrera de los gordos y leerlo me ha hecho reír mucho hoy. Las grietas si están conectadas al mar, recuerdas ese viaje que íbamos a una playa al otro lado de la bahía y que le llamaban el túnel del amor? Esa es la conexión de esas grietas con el mar. El agua es menos salada porque se sedimenta en las rocas volcánicas.
Un fuerte abrazo,
Pao