20 octubre 2005

Noticias frescas

Ya estoy fuera de la reserva, hemos salido esta mañana, con más pena que gloria, en realidad con la gloria que queramos darnos nosotros, porque la verdad es que no han sido ni muy agradables ni muy justos con nosotros últimamente.
Estaré unos días aquí en la ciudad más fea del mundo, haré algunos asuntos pendientes y comenzaré mis vacaciones, que ya os he contado.
Por lo demás nada nuevo, bueno, casi nada nuevo.
El caso es que a principios de septiembre solicité un puesto de trabajo para ir a Galápagos con la organización que traía gente a la reserva, con más recelo que esperanza. Me entrevistaron telefónicamente en inglés a la que contesté con más aplomo que sabiduría y poco después me volvieron a llamar para decirme que me ofrecían el puesto que había solicitado. De esto saco dos conclusiones, la primera que no debo hablar tan mal ese maldito idioma y la segunda que se han debido creer todo lo que ponía en el curriculum, incluyendo eso de "Licenciado en Biología".
Así que, para los que esperaban que estaría mucho tiempo en Madrid a partir de mi llegada para Navidades, siento desilusinarles. El uno de febrero tengo que estar en las islas Galápagos, Ecuador (y no Chile como hace poco leí en un recorte de un periódico español que me mandó mi madre) y estaré allí al menos hasta el 5 de mayo. Eso sí, después de esto no tengo nada previsto.
Parece que al fin y al cabo, hay alguien que sí reconoce nuestro trabajo positivamente y lo mejor es que son los principales clientes de la reserva, que son quienes debían ser más exigentes con nuestro trabajo y que son como un examen continuo. Yo sabía que habíamos hecho un trabajo muy bueno aquí, pero está bien que alguien con conocimiento y capacidad de juicio te lo reafirme. Además después de la desilusión que a lo largo de la temporada hemos ido experimentando en la reserva, está bien que salga algo apetecible.
Mónica se quedará en España haciendo el doctorado de Educación Ambiental donde le han admitido, y a pesar de eso, cuando me llamaron para ofrecerme el puesto, ella daba botes de alegría (literalmente botaba a mi alrededor), mientras yo, impertérrito, aceptaba el puesto con cierto tono displicente (pero sólo era el tono).
Así que así estamos, quien quiera venir a Galápagos a visitarme, ya sabe, a ahorrar una pasta impresionante, que es lo que cuesta ir allí... pagando, porque cobrando sale mucho mejor...

27 septiembre 2005

Chimpún

Pues ya está, se acabó.
Mucho más rápido de lo que me hubiera gustado pero ya se acabó nuestra aventura costarricense.
Tras la reunión con el jefe de mierda y el dueño chocho, queda claro que sólo coincidimos en una cosa, en que nosotros no queremos volver y ellos no quieren que volvamos.
La reunión fue bastante patraña, ya que después de echar un discursito y comunicarnos que no cuentan con nosotros para la temporada que viene, el dueño dijo que no quería discutir y ahí se acabó todo.
Bastante injusto, ya que no nos dio la oportunidad de expresarnos y de decir lo que sentimos. De todos modos, cuando sacamos un tema y cuestionamos al jefe, éste se puso a temblar y a tartamudear sin ser capaz de decir nada coherente. En ese momento no seguimos diciendo nada porque estaba claro que no merecía la pena y el hecho de que no me dieran un turno de réplica, aplacó mis ansias de réplica. Parece paradójico, pero el caso es que yo tenía claro que les iba a cantar las cuarenta, pero el hecho de que no quisieran escucharme, me pareció injusto pero no me dejó el regusto amargo de no haber sido capaz de decir lo que pienso. No se lo dije, al menos todo lo que debíamos, pero fue por despotismo no por falta de razón ni de ganas.
La razón que nos dieron es que ellos ven una distancia muy grande entre lo que ellos quieren para la reserva y lo que nosotros queríamos. Y es verdad, hay mucha distancia, la que al menos dista entre un abogado entrometido y un biólogo ejerciendo su profesión, pero no es esa la razón, obviamente. La razón, según lo veo yo, es que el jefe de mierda nos teme, sabe que podemos hacerlo mucho mejor que él y eso le asusta.
De los acuerdos a los que presumiblemente habíamos llegado con ellos, el único que han respetado es el concerniente al dinero, nos pagarán, nueve meses trabajados de los ocho que estaremos aquí.
Por otro lado finalmente no voy a ir a Colombia ya que me sale muy caro y, dado mi poco alagüeño futuro, será mejor que ahorre un poco. Me quedaré en Costa Rica visitando proyectos de gente que conozco y luego iré a Panamá a visitar a una gente y pedirles trabajo en los proyectos que están comenzando allí. Luego procuraré quedar con Fran en su semana de "thanks giving" y así poder pasar una semana viendo lo mejor de ese país.
Pues lo dicho, se acabó y quien no vino a visitarme en estos tres años perdió la oportunidad de conocer un sitio increible... con un jefe de mierda.

10 septiembre 2005

Wilderness First Response

En cuanto al curso de primeros auxilios más famoso de este hemisferio... bueno pues ha sido divertido e interesante. La teoría floja y la práctica buena, como siempre en los gringos.
Lo que menos me ha gustado es la manía de los gringos con los acrónimos, llega a ser realmente agobiante la cantidad de acrónimos que usan incluso para hablar.
Para empezar el curso se llama WFR, que lo daba la gente de WMA, e incluye RCP que no todos lo incluyen. El formulario de trabajo es el SOEP que se va rellenando según haces el SEP, que incluye la EE, la EI, la EF y el SAMPLE, además de establecer el AVDI y asegurar el ABC, esto muy importante ya que es vital. Una vez relleno esto, ya puedes decidir qué tratamiento debes seguir, que la mayoría de los casos es llamar al AVA una vez que has hecho el AVB. Si no te ha dado un RAS después de todo, puedes relajarte y tirarte con cuidado para que no tengas un MLC y disfrutes de una ALD, ASAP, con una buena CSM distal en todos tus miembros.
Tras este rollo necesitaréis un POCA o un RICE en el cerebro, para que no os dé un aumento en PIC, al menos BID o TID.
Y estas son sólo las siglas más comunes y usadas.
¿Qué no os habéis enterado de nada? Pues yo tampoco que os creíais.
Pero he aprobado ¡y a la primera! Es lo que tienen los gringos, si fallas muchas, te explican lo que has fallado, dices y firmas que entiendes tus fallos y ya está, ¡quien necesita septiembre!
En cuanto a la gente, eso era lo mejor. Como siempre pasa en este tipo de cosas, cuando un grupo de absolutos desconocidos están una temporada corta conviviendo juntos, el buen rollo impera por todas partes y como no conoces a la gente tanto pues todos lo pasamos muy bien. Había un grupo de hondureños que trabajaban en tiempo libre y otras actividades de naturaleza por todo su país, una gente increíble, con mucha iniciativa, con muchas ganas de compartir sus proyectos (quiero volver a Honduras, pero a trabajar) y con muy buenas ideas y muy buenas maneras de llevarlas a cabo. Espero que tengan suerte, Honduras necesita gente así.
También había un dominicano que era la risa. Con un acento muy similar a los cubanos (para que os hagáis una idea) y que parecía un niño pequeño en la clase, siempre con la mano levantada dispuesto a contestar cualquier pregunta que hiciera la profesora. Había varios ticos, un gringo de origen irakí (explosiva mezcla en los tiempos que corren), otro gringo y una boliviana, que me recordó lo bonito que suena el acento de Bolivia, tan musical, entre el venezolano y el argentino pero sin lo empalagoso del primero ni la petulancia del segundo, y dos españolitos de a pie, que con su acento parecen estar todo el día enfadados según dicen los americanos (sensu lato).
En cuanto a lo demás bien. El curso lo dimos en una estación biológica en el área de Monteverde, pero en la vertiente Atlántica. Es un sitio muy bonito, con mucho bosque, con una laguna muy bonita y riachuelos donde buscar las ranas de vidrio que no hemos visto.
En uno de estos riachuelos, buscando ranas en la noche, se me cayó la cámara digital, la nueva, la que me compré después de que me robaran la otra, al agua y casi me da algo.
Una vez había leído en una revista qué hacer en un caso así y me puse manos a la obra: Pregunté a todo el mundo si tenían un secador de pelo, pero parece que no es lo más habitual en la selva húmeda, será que no tiene mucho futuro. Cuando ya había perdido la esperanza a alguien se le ocurrió que usara el ventilador de uno de los coches que habíapor allí y dicho y hecho. Me dejaron el coche, puse el ventilador a tope, con la temperatura a tope también, presumiendo que así absorbería más agua y envolví la cámara en una bolsa con un agujero frente a la salida del ventilador para que no se llenara de aire y todo sellado con cinta americana a la parrilla del coche. Después de más de tres horas aguantando la cámara, la encendí y parecía que funcionaba pero con la pantalla haciendo cosas raras. A la mañana siguiente la puse al sol para que se evaporara la humedad y por la tarde ya parecía que funcionaba bien. ¡Salvé la cámara! No haberlo hecho habría supuesto perder dos cámaras iguales en menos de dos meses.
Así que ya sabéis, si se os cae una cámara al agua, no la deis por perdida, intentad esto que os he contado, a mi me funcionó.
La estación es el típico sitio donde te gustaría volver para poder disfrutarlo, ya que en esta ocasión no lo hemos disfrutado mucho ya que el curso era realmente intenso, con nueve horas de clase diarias y tareas para después. ¡Y todavía había gente que estudiaba después!
Y eso es todo respecto al cursillo.
Ahora ya estamos en la reserva de nuevo, hay pocas tortugas, lo que es un alivio de trabajo y poca gente, lo que es un alivio de agobio. El 23 llega el dueño de la reserva y junto con el jefe, tendremos una reunión, presumo que larga y tensa, donde aflorarán todos los problemas y desavenencias de toda la temporada, que son muchas y diversas.
Y un mes después, Mónica ya estará en Baja California, que es California, pero Méjico, no EE.UU. y yo, supongo que estaré en Panamá visitando proyectos donde poder meter la cabeza.
A estas alturas del año ya estaréis todos de vuelta de las vacaciones y todavía nadie me las ha contado, así que ya sabéis...

15 agosto 2005

Bocas del Toro... otra vez.

Ya llevo una semana de regreso en la reserva y por fin saco un rato para contaros los días libres que nos tomamos en Bocas.
Era la cuarta vez que visitaba Bocas y la única de las cuatro en que el tiempo no nos ha acompañado. El buen tiempo, se entiende.
Llegamos y nada más ver a los padres de Mónica se puso a llover, en un preludio de lo que iba a ser la tónica de esa semana. El año en el Caribe ha sido muy seco y desde mediados de julio estaba lloviendo bastante por lo que a principios de agosto pensábamos que ya habría pasado el mal tiempo, pero nada de eso, siguió, y sigue todavía, aunque ya no tan malo, alternando días malos con días buenos.
El primer día completo en Bocas fuimos a la playa de Polo, un lugar muy bonito que ya conocíamos pero apenas de paso, por lo que un día de playa, relajado y con buen tiempo, era de agradecer. A pesar de vivir en la playa y dormir a escasos 30 metros de la línea de marea alta, no puedo recordar la anterior vez que me había bañado en el mar. La verdad es que apenas me baño… y en el mar tampoco.
Al día siguiente fuimos a bucear ya que el padre de Mónica quería aprender y se hizo lo que llaman un buceo de descubierta, que es algo más que un bautismo, te dan algo de teoría, una sesión de aguas confinadas y luego el buceo propiamente dicho. Después de las aguas confinadas, se puso a llover tanto que tuvimos que regresar y dejar el buceo para otro día. De todos modos nos mojamos como si hubiéramos buceado.
A pesar de ser la cuarta vez que estábamos allí, Mónica y yo no conocíamos la variedad de restaurantes que tenía Bocas, ya que habitualmente íbamos de cutres, comprando algo en el supermercado. Conocimos bastantes restaurantes, dos especialmente buenos y no especialmente caros. Uno italiano con productos italianos muy buenos y otro de comida internacional con unas entradas muy buenas.
Otro día que no llovió mucho fuimos a Boca del Drago, en el extremo opuesto de la isla principal. Es un sitio muy bonito que habitualmente tiene una zona muy buena para hacer apnea, pero que debido a las lluvias de los días anteriores tenía las aguas demasiado turbias, por lo que la tentativa apenas duró unos minutos.
Un par de días cogimos unos kayaks del hotel donde nos alojábamos y nos fuimos a coger olas como si fueran tablas de surf. Obviamente es más fácil porque no te tienes que poner de pie, pero obviamente las olas te vuelcan el kayak mucho más de lo que te gustaría.
Y poco más hicimos, a parte de andar la calle principal de Bocas arriba y abajo bajo una implacable lluvia que nos acompañó casi constantemente, comer bien, dormir mucho y relajarnos lo que ya hacía tiempo que necesitábamos.

15 julio 2005

El Principio del Fin

Hace bastante tiempo que no escribo una carta general porque no había nada que contar, pero ahora sí.
El caso es que, muy a nuestro pesar, no volveremos a la Reserva Pacuare la próxima temporada. El proyecto era muy bueno y original (y no porque fuera nuestro), donde básicamente se integraban conservación, investigación y educación y las cosas este año, en lo relativo a él, marchaban muy bien, pero como digo (y de momento no es oficial), no volveremos a la Reserva Pacuare, que no quiere decir que no volvamos a Costa Rica, ¿quién sabe?
Los asistentes de investigación están haciendo un montón de proyectos diferentes, tenemos relaciones con gente de universidades, de museos de historia natural y de organizaciones conservacionistas grandes y esto, por fin, parece lo que queríamos que pareciera, una Estación Biológica, donde hay un montón de investigadores, todos con su propio proyecto y con ganas de terminarlo y publicarlo en alguna revista más o menos científica.
Como digo, las cosas relativas al proyecto van muy bien. De hecho ya hay una gente haciendo una cosa parecida, pero con dinero de verdad, en una estación cercana.
Pero no todo depende de nosotros y no estamos tan aislados como debéis suponer. El jefe está a escasa tres horas de la Reserva y estamos en comunicación telefónica casi constante.
Muchos ya lo sabían antes que yo, pero ya sabéis que no soy muy bueno conociendo a las personas, el caso es que por fin me he dado cuenta (bastante tiempo después que Mónica, que me lo venía diciendo), que nuestro jefe es un auténtico cabrón (y no se me ocurre otro calificativo). Es la típica persona que se aprovecha todo lo que puede de las demás y que luego cuando no le hacen falta los despide como si tal cosa, vamos, puñalada trapera por la espalda, que se dice.
A parte de esto, desde el principio de la temporada ha tenido muchos detalles que muestran su talante déspota, arrogante, soberbio, orgulloso, manipulador, mentiroso, usurero, clasista y cínico, aparte de cabrón, que creo que ya lo había dicho.
Hace apenas unos días le pedí explicaciones sobre una cosa que había hecho y con una suficiencia y un cinismo que dan asco, me contestó que no fue intencionado, pero que si lo fuera (admitiendo que sí lo fue) tampoco se arrepentiría. Le dije que no respetaba a la gente ni su trabajo y que mostraba muy poca ética y me contestó que la ética es un asunto muy profundo. Como el asunto concernía a una amiga nuestra, como solución, nos dijo que no era necesario que ella se enterara.
Supongo que así, no tiene muchos amigos.
No merece la pena entrar en detalles, pero el caso es que no vamos a aguantarle más y a la vuelta de las vacaciones en Agosto le diremos a él y al dueño de la reserva, que la temporada que viene no volveremos. Por supuesto esta temporada la acabaremos como estaba previsto, si nos dejan, aunque sólo sea por la gente que hemos traído y que han empeñado sus pertenencias para pagarse el viaje y poder hacer aquí su proyecto.
Lo que aquí se hace ahora nada tiene que ver con lo que se hacía cuando llegamos hace tres años. El proyecto ha dado un vuelco y mucha gente se ha interesado por nuestras ideas y por nuestros proyectos que poco a poco y con mucho esfuerzo e ilusión hemos ido sacando adelante.
Como hace poco he leído acerca de un proyecto para el estado palestino, el proyecto era "tan bueno que sólo un ingenuo podía tratar de llevarlo a cabo" y sé que no demuestro mucha modestia diciendo esto, pero así siento que era nuestro proyecto y claro, el ingenuo era yo, que no veía en mi jefe el talante arriba comentado y que otros muchos ven. Quiero suponer que no lo veía por pragmatismo más que por ceguera. Realmente me apetecía llevar adelante el proyecto y estaba dispuesto a pasar por alto ciertos detalles, pero ya hay detalles que no se pueden pasar por alto, sobre todo cuando se van acumulando muchos.
Además, este proyecto no es sólo un trabajo, es casi una forma de vida, es, mientras trabajamos aquí en él, nuestra casi exclusiva vida.
Ahora vuelve a mi aquella rabia incontenida (multiplicada por diez) que desearía haber descargado contra el ladrón aquél y que mi padre me dijo, con razón, que no había recibido la misma educación que yo ni había tenido mis oportunidades, pero el cabrón del jefe sí, así que no hay escusa...
Así que... así estamos, empezaremos a buscar trabajo donde sea, por que una vez que me he acostumbrado al trabajo de campo y al trópico no quiero volver a la ciudad.
De momento no sé qué vamos a hacer, probablemente Mónica se vaya a Baja California en octubre y hasta diciembre con la organización educativa que trae gente a la reserva y yo me buscaré algún proyecto para colaborar una temporada en Colombia e iré a visitar a una gente que conocemos y que está empezando un proyecto en Panamá y con la que quizá haya alguna posibilidad de futuro.
Y supongo que en diciembre volveré como estaba previsto a España, a ponerme hasta arriba de chorizo, queso, jamón y buena comida española, la mejor del mundo se mire por donde se mire.
Pues eso, ya os contaré como evoluciona el asunto.

15 junio 2005

La Boda de Kennthy

Esta es otra de esas cartas mías dirigidas a todos en general y a nadie en particular.
Mi madre dice que podría reunirlas y publicar una novela de aventuras.
Mónica dice que soy un mentiroso.
La mayoría de la gente no dice nada, con lo que sospecho que les falta ese punto de confianza que a Mónica le sobra.
Mi madre dice que puedo publicar una novela, porque, yo creo, prefiere pensar que novelo mis desventuras (que no aventuras) por estos lares.
Mónica dice que soy un mentiroso por algo que conté una vez de unos perros salvajes que a su parecer no eran tan salvajes, pero a tenor suyo, el perro que le mordió la cara era un perro muy simpático (sic)
Vale, cuando dije que estaba rodeado por perros salvajes, quizá no lo estuviera por todos los flancos, pero con que haya uno delante y otro detrás, yo ya me siento rodeado. Y si digo que estuve todo el día buceando, nadie, salvo ella y para llamarme mentiroso, piensa que estuve ¡todo el día buceando!
Así que, ¡por favor! que nadie piense que novelo, invento o imagino lo que os narro; si pudiera publicaría fotos concernientes a mis historias para corroborarlas, pero por estos lares, la banda ancha es cinta de embalar, así que suficiente es que pueda mandar estas líneas.
Después de este rollo, al lío.
Por aquí nada nuevo, mucho trabajo y poco descanso.
Nuestro trabajo aquí lo dividimos en dos, temporada de tortugas laúd (una especie de tortuga marina, la más grande del mundo) y temporada de tortuga verde. Ahora mismo estamos justo en ese período de transición que empiezan a descender las primeras y a ascender las segundas. Pero esto no significa menos trabajo, esta semana vienen los asistentes de investigación que vienen a trabajar para la segunda temporada y todavía están los de la anterior. Tenemos que concretar y terminar los proyectos de la gente que se va y comenzar y formar a los que llegan, así que doble de trabajo.
Esta semana comienza la formación de la gente de la segunda temporada y como toda formación que se precie no se trata de echarles un rollo y ya está.
Hay que echarles un buen rollo. Y ya está.
Y como sabréis echar un rollo es mi especialidad, pero echar uno de los buenos... no hay especialistas en esto.
Para rematar las faena resulta que una de las cocineras se casa. Ya estaréis pensando en fiesta, banquete, ramo de flores y todas esas cosas.
Pues sí y no.
Pues sí, porque habrá una gran comilona, osea, más arroz y frijoles de lo habitual, habrá ramo de flores, de flores tropicales y todas esas cosas.
Pues no, porque a la cocinera, escasa de recursos económicos pero no mentales, se le ha ocurrido celebrar aquí el banquete aprovechando un día que no hay nadie, o casi, con lo que eso supone que básicamente nosotros estamos organizando la boda en cuestión.
Mañana vamos de compras, compraremos un montón de cosas con la suficiente habilidad para que lo pague la reserva sin que lo sepa, total, estamos hablando del chocolate del loro, pero hay que ver como se ponen estos ingleses cuando se habla de chocolate, sea de quien sea.
Pasado mañana cocinaremos toda la mañana porque resulta que a la cocinera, que como decía no le faltan los recursos mentales, le gusta la tortilla de patata y esas cosas redonditas de restos de pollo y con pan alrededor que tan bien me salen (aquí Mónica dirá que soy un mentiroso, que las croquetas no me salen tan bien, pero es envidia ya que a ella no le sale ni la bechamel)
Y después del banquete a recoger, porque claro, no vas a poner a recoger a la novia, por mucho que sea su obligación como cocinera.
Así que, así estamos, en plan BBC, pero a la tica.
Ya os contaré quien coge el ramo, porque por aquí hay unas cuantas desesperadas que ya están preparando estratagemas y estableciendo alianzas para hacerse con él, sin faltar las carreras en la playa con la toalla al cuello y el agua por las rodillas, el levantamiento de troncos y el arrastre de tortuga playa arriba, playa abajo.
Obviamente quien coja el ramo será la más burra y... ¿quien se quiere casar con la más burra? ¡Miedo me da la respuesta!

30 mayo 2005

Miserias ticas

Algunas de las desdichas que me he encontrado en este país y que a modo de ejemplo, escribo, pero a sabiendas de que son insignificantes en su miseria y en su dimensión, pero transcendentales para quien las aguanta.
Felipe Espinoza, 60 años, Espinoza con zeta; así es como lo escribe él y como viene en su cédula. Muchos apellidos se escriben oficialmente mal, porque en algún momento algún funcionario oficial las oficializó con su ignorancia.
Desde que comenzamos en 2003 trabaja con nosotros, pero ya antes trabajaba con la reserva como taxista. Taxista pirata o pirata a secas, como le dicen a los que no tienen licencia para "taxiar".
Gracias al juego y al alcohol, se ha ido hipotecando poco a poco hasta que hipotecó su útil de trabajo: el carro.
Mantiene a dos nietos mellizos de 10 años que son hijos de una mujer con la que estuvo su hijo, pero no son de su hijo, luego no son sus nietos.
Mantiene a su hijo de 35 años que no le gusta trabajar más que beber.
Mantiene a su nieta Mayra, 17 años, su novio y su hija, la bisnieta de Felipe. O no.
Mantiene a su mujer de 58 años, que los ha cumplido hoy 22 de mayo de 2005.
Actualmente debe el equivalente a seis meses de sus ganancias mensuales, no ha pasado la revisión técnica del vehículos, obscenamente insuperable para muchos carros ticos que tienen que aguantar las carreteras ticas, por lo que la policía de tránsito le retiró el permiso de circulación, "marchamo", y le ha multado en reiteradas ocasiones.
Se pasa el día burlando al tránsito por lo que apenas saca la cuarta parte del monto que sacaba hace unos meses, por lo que no ha podido pagar el teléfono, por lo que se lo han cortado, por lo que pierde muchos clientes, entre ellos a nosotros.
La situación le desalienta y el desaliento le embriaga, con ayuda del alcohol. De nuevo.
Le regalo la gasolina cuando vamos a la bomba a por combustible para la reserva. Olvido sacos de arroz y frijoles en su casa.
El oficial de tránsito encargado de amargarle la vida, un hombre de unos cincuenta años, corto de estatura y largo de peso, pelo crespo, engrasado y sucio, se fija en Mayra, nieta de Felipe, más alta que el policia y de mucho menos peso. Muy guapa.
Cuando descubre la relación familiar entre su objetivo sexual y su objetivo laboral, afloja el acoso laboral a Felipe para apretar el sexual a Mayra. Felipe le pide a Mayra que le dé bola pero sin darle más.
El desenlace dependerá de la bola que dé Mayra. Cuando llegue a su limite y no dé más, regresará el acoso a Felipe.
Cuando Akiles está solo no dice nada a Felipe, pero cuando anda de patrulla con algún compañero, subordinado, se lo lanza a Felipe cual perro de presa. En un de esas ocasiones, tras pedirle la cédula y la licencia de conducir, el subordinado decide que le va a confiscar el coche a Felipe, éste sin pensárselo dos veces, aprieta el acelerador y huye. La policía le persigue, pero Felipe ocupa toda la calzada para que no puedan adelantarle. Finalmente les da esquinazo. Al cabo de unos días Akiles, va a casa de Felipe a devolverle la cédula y la licencia y le dice que la pulsee pero que no vaya a Bataán. Felipe obedece.
De camino a la bomba, Felipe topa de nuevo con Akiles acompañado, le dan el alto, le piden la cédula y la licencia y de nuevo le dicen que le van a confiscar el carro. Felipe no aguanta más y encolerizado le dice a Akiles que se ponga pantalones de hombre y no sea tan cochino. Akiles le deja marcharse, advirtiéndole que no le vea por Bataán.
A Felipe le dejamos casi 1000 dólares para que pusiera al día su carro. A pesar de tener claro que no debíamos implicarnos, nos implicamos. A pesar de tener claro que lo hacíamos con el dinero de la reserva y no con el nuestro, posteriormente nuestro jefe se encargó de enturbiar el asunto, responsabilizándonos personalmente del monto. Aún debe más de 500 dólares. Aún debemos más de 500 dólares.

15 mayo 2005

Bocas del Toro, Panamá

Supongo que ya estáis por ahí sufriendo los primeros calores que yo vengo sufriendo ya cuatro meses. Pues nada, nada, a aguantarse y pensar en mí, que cuando de nuevo estéis abrigados hasta las orejas, seguiré soportando malamente este calor que ahora os acecha.
En el trabajo más o menos bien, o más o menos mal, según el momento y el asunto.
A nivel "biológico" muy bien, van saliendo proyectos nuevos y se van materializando otros viejos. Lo mejor es que estamos formando un grupo de personas muy interesadas en un proyecto aquí, dirigido e iniciado por nosotros, de tres paises y varias instituciones que tiene muy buena pinta y, que si fuera licenciado bien podría ser mi doctorado. Pero, ¡ay! Los anacrónicos planes de estudios españoles, cohartan la creatividad y valía de los españolitos de a pie, y luego nos quejamos de que todos los cerebros se vayan a los EEUU. Y no es una cuestion de dinero por lo que se van principalmente, sino de oportunidades, de verdaderas oportunidades sin cortapisas.
Bueno, al lío, que me dan ganas de quemar la quinta planta del edificio nuevo de biología de la complutense. Y el lío es Bocas del Toro.
Espero que ya empiece a sonaros este nombre por que es la tercera vez que voy y desde luego no me canso. Esta vez estuvimos visitando otro proyecto de la ONG para la que trabajamos, en una isla de Bocas del Toro, llamada Bastimentos y que es Parque Nacional, lo que no quita que estén talando y arrasando con todo para una urbanización de lujo al más puro estilo Baleares (hay un término turístico internacional que es "balearización" y que ya supondréis lo que expresa)..
Pero mientras terminan con lo poco que ya queda, estuvimos en la que llaman Playa Larga, una playa no muy larga de arena fina, blanca, básicamente de coral, con el arrecife a menos de 100 metros de la costa y con la selva dando más sombra que todas las sombrillas del Levante.
Por el día siesteábamos, algunos más que otros, por la tarde "snorkeleábamos" y por la noche patrullábamos en busca de... tortugas. Si amiguitos, es otro proyecto de tortugas marinas. De cualquier modo fue relajante no estar a cargo de nada más que de ti mismo y no mucho, ya sabéis lo irresponsable que soy.
En Bocas, capital, cenamos esas muchas cosas que nos son imposibles de cenar en la reserva y que para cualquier españolito forman parte de su dieta más o menos normal. Así que, ya que no nos gastamos nada en alojamiento, nos lo gastamos, pero bien, en comida.
Estuvimos en una cala al lado de Polo, que sólo ella merece la pena un viajecito a Bocas, realmente muy bonita, pequeña, con el agua más transparente que en la bañera, con el arrecife a menos de 50 metros, cerrada en una pequeña bahía con algunos islotes repletos de vegetación y la selva a tus espaldas. ¿Qué mas se puede pedir? ¡Pues que no corten la selva para construir casas de lujo!
Polo es un negro que vive en una playa al lado de esta cala. Tiene un pequeño bar que da comidas y bebidas a los turistas y le han querido comprar el terreno para construir. Afortunadamente Polo no vendió. Desafortunadamente poco les importó a los constructores y sus planes de construir siguen adelante. Afortunadamente una rica neozelandesa se enteró del tema y le subvenciona el mejor bufete de abogados de Ciudad de Panamá para que Polo mantenga sus tierras tal y como las tiene. ¿Final feliz?, pues no creo, seguramente la constructora acabará pagando más al bufete y Polo se quedará sin playa.
Polo es un personaje de esos de película. Cuando yo estuve allí tomando una cerveza, estaba contando constantemente la misma historia, que un hombre negro había estado el día anterior, se había comido dos platos de arroz y frijoles y dos cervezas y se había ido sin pagar. Polo es un hombre negro de unos 60 años y que habitualmente habla inglés caribeño y menos y peor, español. Así que a su manera nos contaba la historia una y otra vez a cuatro personas que estábamos allí, Mónica y yo más un colega que trabaja en Playa Larga y un negro que hace las veces del camión de las cervezas pero en bote. Polo no paraba de decir: Polo no gusta ome negro (así lo escribe en todos los carteles que tiene repartidos por su propiedad), Polo no sirve ome negro. Ome negro malo, Polo solo sirve turista.
Y luego repetía la historia: Dos platos, dos cervezas y (y hacía un gesto con la mano como cuando expresas que alguien se marcha rápidamente) ome negro malo, Polo no sirve ome negro.
Obviamente Polo no es un hombre de palabra, porque de lo contrario no habría sido engañado por un negro que no le pagó la comida.
La situación era bastante delirante y especialmente se reía el negro repartidor de cervezas, con una sonrisa de esas que solo los negros pueden tener, blanca reluciente.
Cuando regresábamos en el bote del repartidor de cervezas a Bocas capital, pasamos por el hotel que los padres de Mónica han reservado para agosto, es muy bonito, frente al mar y con una buena zona para bucear. Además tiene toda la pinta de ser de esos muy buenos lugares para siestear que cada vez aprecio más.
Por aquí seguimos planteando proyectos, conociendo a gente interesante, estableciendo contactos y forjándonos un futuro como torturólogos, muy a nuestro pesar.

11 mayo 2005

El Robobo de mi Jojoya

Hola a todos, ¿cómo estáis?
A partir de aquí yo sigo siempre con un: por aquí todo bien; pero esta vez no, no todo está bien. Tampoco es que esté muy mal.
El caso es que el 7 del presente mes me trasladé por unos días a la estación norte, sólo seis Km. al norte de la sur, para sustituir al coordinador de allí. Era la primera vez en estos tres años que yo pasaría unos días allí, gracias a que este año me he quitado de la obligación de manejar el bote, sacando y metiendo grupos a la reserva.
El 9 por la noche, dos noches después, por si alguien ya ha perdido la cuenta, me fui a la playa a trabajar y regresé a eso de la una de la madrugada del 10, todo contento por que no había llovido mucho y no tendría que ducharme para quitarme la arena.
Cuando entro al cuarto, enseguida me percato de que no están mis cosas. En un principio pienso que vaya confianzas que se tienen con el "jefe".
Sigo mirando y veo que la mosquitera de la ventana está rasgada. Claro indicio de que alguien entró por ella y se llevó mis cosas.
Un montón de cosas.
Entre ellas mi cámara digital y un montón de chunches (me encanta esta palabra de acá, es algo así como cacharros, cosas o chismes) fotográficos, mis dos mochilas, mis gafas graduadas y las de sol, mi radio multifrecuencia regalo navideño de mis padres, algunos instrumentos de medida (los biólogos lo medimos todo; todo, todo) y, lo peor de todo, mis cuadernos de campo con un montón de apuntes con los diversos estudios que estamos haciendo. Además mi bolsito, que había subido esa misma tarde del sur, con varios salarios de los empleados, en total unos 300 $.
El monto total alcanza los 1500 € más los 300$ de la reserva para pagar a la gente (afortunadamente para la reserva los sueldos son bastante míseros, así que no pierde mucho).
Despierto a todo el mundo y nos ponemos a husmear y buscar por todas partes. Desgraciadamente, el 9 de mayo era luna nueva, cuando menos luz hay, por lo que no se ve nada, y menos teniendo en cuenta que me han robado las gafas y las linternas.
Descubrimos unas huellas que van a la playa y mando gente que las siga.
Descubrimos huellas que van hacia el sur y mando gente que las siga.
Descubrimos huellas que van hacia el muelle y... las sigo, ya no hay gente.
Cuando llego al muelle, veo que hay dos personas durmiendo (esto jamás ha pasado, no es un sitio para dormir), desenvaino el machete (juro que lo hice) y les despierto bruscamente. Se levantan muy sobresaltados y comienzo a gritarles y a rebuscar entre sus cosas. No tienen nada que fuera mío.
Posteriormente nos contaron que eran pescadores que se había quedado varados y sin panga. Parece que es cierto y que no tienen nada que ver. A punta de mala leche me los llevo a la estación y allí los interrogan los guardas, les toman los datos y les retienen toda la noche.
Los demás guardas regresan y no han visto a nadie. Volvemos al muelle y agarramos un bote y nos vamos a dar una vuelta por los canales para ver si hay algo sospechoso. Hay algo sospechoso, la panga de La Macha (adivinad el porqué, del mote) va a la deriva, la recogemos y se la dejamos en el muelle.
Suponemos que los ladrones la usaron, eso es... astucia, y que han llegado a tierra firme donde será imposible seguirles el paso, eso es... llegar tarde.
Nos volvemos a la reserva y volvemos a interrogar a los dormilones del muelle con más ahínco y brusquedad que antes, eso es... ira, y comenzamos a hipotizar sobre las posibles formas de haberlo evitado, eso es... perder el tiempo.
En ese momento me bajo caminando por la playa hacia el sur. Eran las tres y media de la madrugada y no se veía un carajo. Bajando por la playa, presumiblemente sin gente patrullando, me encuentro con una patrulla formada por una asistente de investigación acompañada de dos estudiantes que, temblorosamente, me pregunta que quien soy, a lo que, al oír su voz, envaino el machete y firmemente le contesto que soy yo. Regresamos los cuatro hacia el sur y a eso de las cuatro y media, ya llegando, vemos una tortugas saliendo, lo que quiere decir que se le va a hacer de día (ya clareaba y en apenas media hora más sería de día) y todo el mundo podría verla de día y fotografiarla.
Todo el mundo no.
Yo no, me han robado la cámara y después de tres años tengo la posibilidad de ver una tortuga de día y me lo pierdo.
Cuando llego al sur, despierto al botero (es el día que más gente he despertado en mi vida) y con el bote pequeño nos vamos al norte de vuelta porque había que sacar a una voluntaria.
En el norte sacamos a la voluntaria que ya se iba de la reserva y seguimos con las indagaciones infructuosamente.
Al día siguiente Mónica y yo vamos al OIJ, algo así como el FBI estadounidense pero más parecido a la TIA española.
Resulta que tu llamas a la policía con una emergencia y te dicen que vayas a la OIJ a poner una denuncia y sólo entonces, ellos van, lo cual es de lo más eficaz ante las emergencias. Creo que una vez cogieron a uno.
Detallo la lista de cosas que me habían robado con todo lujo de detalles ante una persona que las trascribe al ordenador a la velocidad de una tortuga, y entre palabra y palabra nos cuenta que su hijo se llama Iker, por el portero del Real y dice que en todo Costa Rica sólo hay otro Iker, lo que demuestra que no es tan popular como Darwin o Kevin.
Llega el teniente Ernesto Esquivel, que al ver que soy español me dice que él también y el caso es que como su madre es española él tiene las dos nacionalidades.
Una vez estuvo en España, hacer tres años, 20 días en Madrid y 20 en Barcelona y decididamente le gustó más el Nou Camp, aunque se considera del Real hasta la médula. También le impresionó la cantidad de dinero que debía tener la reina para tener tantos cuadros.
En seguida me presentó a su compañero, Nelson y nos fuimos hacia los canales, no sin antes pasar por un par de casos: El de un nica que en una clínica falsifica permisos de residencia, pero se le olvidó falsificar el suyo, llaman a migración y lo deportan y el de la compañera de la Macha que le han robado el bote, otro bote no el que vimos la mañana anterior e iba a la deriva me lleva eaa...
En ese momento me percato que me he colado en un capítulo de Starsky y Hatch a la tica.
En vez del coche rojo con la banda blanca vamos en una furgoneta todoterreno. El camino de Limón a Matina, que a la inversa había hecho esa misma mañana en una hora y media, lo hice en ese "tanque" en menos de media. Ellos van sin cinturón y yo me lo pongo después de haber ingresado a la carretera desde el arcén contrario apurando entre un camión de banano y un autobús escolar como el de los Simpson. Como dijo Einstein, el tiempo es relativo y si bien el viaje duró veinticinco minutos a mi me costó un par de años.
Seguimos por la carretera a más de 140 Km/h en los tramos marcados con un 60 y empiezo a convencerme de que les vamos a alcanzar (no puede ser que no estén persiguiendo a algún malo) Terminada la carretera, comienza la pista forestal, por la que no pensé jamás que se pudiera ir a 80, y llegamos al muelle. Mientras respiro aliviado, Nelson comienza a ponerse un montón de cosas y Ernesto me comenta que le gusta ir de Rambo, pero por lo que veo no pasa de guerrillero sandinista.
Y es aquí donde comienzo a jugar a los polis.
Llegamos a un hotel en los canales, donde según han averiguado mis agentes privados, durmieron los ladrones. Interrogamos al personal del hotel, y cuando digo interrogamos quiero decir que yo hacía más preguntas que los dos policías juntos y no por que yo pregunte mucho sino porque ellos no preguntan nada. Descubrimos que una persona del hotel conoce a uno de los ladrones y por indicación mía, Ernesto (el poli listo) le interroga.
Ante mi nerviosismo decido ir a echar un vistazo a la habitación donde han dormido, que afortunadamente no han limpiado; cogemos unas botellas de cerveza a las que ahora mismo y probablemente los siguientes meses les estarán sacando las huellas dactilares. Detrás de la habitación entre unos matorrales encuentro uno de mis cuadernos de campo. Son ellos (astucia, ya sabéis)
A partir de ahí y siguiendo el interrogatorio, descubrimos quien les sacó de los canales, "El Chimbolo".
Vamos a interrogarle y no nos aporta nada que no sepamos. Efectivamente él les sacó de los canales por mil colones cada uno (unos dos dólares) Y ahí se les ha perdido la pista.
Pero Ernesto y el equipo del OIJ, tienen las huellas, las pruebas (mi cuaderno), testigos, e incluso el nombre de uno de los malhechores. El caso está casi cerrado.
Al día siguiente volvimos al hotel, que por cierto se llama Pochotel y no es de coña. Con la ayuda de algunos de los trabajadores de la reserva y de Mónica encontramos algunas cosas más, mis otros dos cuadernos de campo, algo de ropa y algunas facturas, todo metido en una bolsa de bandolera que me había comprado en Navidad. Por lo que encontramos me doy cuenta que han seleccionado muy cuidadosamente lo que se quedaban y lo que no. Lo que no entiendo es que no se quedaran la bolsa, con lo que mola esa bolsa.
Aquí acaba la historia, probablemente no haya siguiente capítulo ni: "continuará", llamaré a Ernesto de vez en cuando para que no se olvide de mí y volveré a comprarme la cámara y todo lo demás. Por lo menos no he perdido nada que no pueda pagar. Todo lo impagable estaba entre los matorrales, tirado y no mojado, porque la bolsa esa es la caña, no sé cómo la han podido botar.
En esta vida que he elegido y que, de momento llevo, ya tenía asumido que alguna vez me pasaría algo así.

21 abril 2005

En busca del Quetzal en Monteverde (pero no del sapo dorado)

Hace unos días que regresamos de días libres y no he tenido mucho tiempo para contar qué hemos hecho con Fran y su colega, Javi. Llegamos a la reserva y hemos pasado unos cuantos días "desfaciendo entuertos" y no he podido escribir antes, pero como lo prometido es deuda, os aguantáis y recibís mi correo.
Llegamos a San José y fuimos al aeropuerto a buscar a Fran y Javi, ya que no sabían coger un taxi y darle una dirección, cosa no tan simple como parece como ya sabréis por mi anterior correo.
Acto seguido fuimos a comprar los billetes para Monteverde y de ahí al centro a tomar algo. A las dos salimos en el autobús, dimos una vuelta a la manzana, cuadra allí, y vuelta a la estación de autobuses.
¿Por qué? No sé, pero así fue.
Volvimos a salir y llegando a Alajuela, que sería como Móstoles en Madrid, el conductor se pone a preguntar dónde hay una llantería (lugar donde cambian ruedas), finalmente y tras casi atropellar a un borracho y casi pegar a un borracho, llegamos a la llantería y el autobusero le dice al mecánico, sucintamente, sin más explicaciones: "impacto pistola".
Será habitual allí, así que no necesitó más detalles. La verdad es que con saber que iba a cambiar la rueda, nos conformábamos.
Eso y no recibir un "impacto pistola".
Seguimos el viaje y llegamos, doscientos kilómetros y cinco horas después (y volvemos al recurrente tema de los buses centroamericanos), a Monteverde.
Los siguientes días los pasamos haciendo rutas por Monteverde, que son una serie de reservas privadas formadas por gente tan dispar como los cuáqueros expulsados de EEUU por no querer ir a la guerra de Corea o por los niños de no sé qué colegio sueco que comenzaron con una recolecta para salvar el bosque (de ahí el cursi nombre de una de las reservas "Bosque Eterno de Los Niños").
El susodicho bosque es el conocido bosque nublado o nuboso (según convenimos debería llamarse nebuloso, ya que se refiere a niebla), y puedes pasar el día viendo pájaros, como el quetzal, y esas cosas.
Monteverde, además, es famoso porque fue el primer sitio del mundo donde se describió un caso de extinción de anfibios sin una amenaza concreta, a partir de ahí se han descrito más, incluyendo el sapo partero de Peñalara. Lo más preocupante, para aquellos pocos que nos preocupa que los anfibios se extingan, es que cada vez se dan más casos de estos y mientras millones de personas se preocupan por animales que llevan extinguiéndose 50 años como el panda y el tigre de bengala, se están extinguiendo cientos de anfibios cada año, muchos de ellos antes de ser descubiertos.
El caso es que nunca podremos ver el famoso sapo dorado, a pesar de que allí venden montones de postales como reclamo y seguramente el 99% de las personas que compran esas postales, no saben que ese sapo ya no existe.
Después de Monteverde fuimos al volcán Arenal, en una ruta que llaman "jeep-boat-jeep", que no pasaba de "furgoneta-lancha-furgoneta", lo que probablemente le quite encanto turístico. Afortunadamente para nosotros, Mónica le echó morro en todas partes y aludiendo que trabajamos por aquí, nos hicieron precio de locales en todo, y eso supone descuentos de hasta más del 50%.
En Arenal, no vimos el volcán en erupción, aunque seguro que entró en erupción poco después. Allí fuimos a una cascada a hacer el dominguero, unos más que otros, todo hay que decirlo, y a cenar, que hay que aprovechar que por esas zonas turísticas se come mucho mejor que la media.
Al día siguiente fuimos a la reserva, Fran y Javi se alojaron en la habitación del jefe ( se nota que hemos progresado mucho en este curro, cuando recibimos la primera visita, el primer año, de las amigas de Mónica, las metimos en un cuartucho de la última cabina de la reserva, ahora ya metemos a las visitas en la casa grande ¡y en el cuarto del jefe!)
Un par de días en la reserva y Fran y Javi se volvieron a San Francisco, justo antes de que comenzara a llover mucho. Un día más tarde y ya no pudo salir nadie de la reserva porque todo estaba inundado.
La noche que salieron a la playa, salieron varias tortugas y estuvimos trabajando con ellas y la verdad es que quedaron muy impresionados y contentos, así que ya sabéis, si podéis, venid por aquí; y si queréis asegurar las tortugas, venid en abril o mayo que salen fijo; de momento claro, porque se están extinguiendo, también (la lista de vertebrados en peligro de extinción, dentro de poco será mayor que la de los que no están en peligro).
Y ahora ya nada más, seguimos trabajando mucho para que esto siga adelante y descontando los días que quedan para irnos a Bocas del Toro a bucear. Suerte que todavía no somos residentes porque sino no tendríamos escusa para salir del país.
Nada más por hoy, besos y abrazos a todos y todas y, parafraseando al presentador de "Días de cine": ¡Que la televisión no os carcoma las pocas neuronas que sobrevivieron al atasco de la mañana!

10 marzo 2005

Tercera temporada en la Reserva Pacuare, Costa Rica

¿Cómo van las cosas por ese país nevado? Qué mala suerte que tengo, yo que voy a España a pasar un poco de frío y justo comienza cuando me vengo al trópico. Bueno otro año será... o no.
Cuando llegamos a la Reserva Pacuare estaba lloviendo bastante, pero justo al día siguiente empezó a mejorar y ahora estamos en lo que ellos llaman verano.
Son tan simples que cuando no llueve y hace calor le llaman verano y cuando llueve y hace menos calor le llaman invierno, con lo que a lo largo del año pueden tener 50 veranos y otros tantos inviernos. No saben lo que es la primavera y el otoño (las dos estaciones más bonitas de los países templados, aunque ahora no esté muy templado por allí).
El caso es que hace un calor de morirse y esto no lo cuento por hablar del tiempo (típica conversación de ascensor), sino porque esto está manga por hombro, que diría mi madre, y hay mucho trabajo físico diario que hacer, por lo que mis niveles de transpiración son más que considerables, aunque también tendrá que ver mi estado adiposo actual (menos cada vez), ese que sin tapujos me habéis hecho notar todos, como si yo no lo hubiera notado antes. ¿Os habéis dado cuenta que prácticamente nadie le diría a una mujer que ha engordado mucho?
Bueno, de cualquier forma, entre el calor, el trabajo, las tortugas (que no es que haya que perseguirlas, es que hay que recorrer unos 12 km. diarios para buscarlas) y la cocina costarricense, pronto perderé esos kilos de más... o no.
Hace ya más de 15 días que estoy aquí y es la primera vez que he sacado un rato para escribir algo.
¿Alguna vez os ha molestado en la pantalla del ordenador el puntero del ratón como si fuera una mosca? Lo digo porque ahora mismo (ahorita que dirían aquí y que no significa lo mismo que ahora, ¡qué quebraderos de cabeza nos trajo eso el primer año!) tengo un escarabajo en un lado de la pantalla y una polilla en todo el centro. Es bastante incómodo, pero supongo que peor será para ellos.
Aquí en la reserva ha llovido mucho desde mediados de noviembre y no ha parado hasta mediados de febrero y todas las obras de remodelación y mejora están muy retrasadas. Además nuestro jefe lleva dos meses en EEUU con un cliente y esto es un desastre impresionante. No hay casi nada hecho, no había nadie contratado cuando llegamos, todavía nos falta un cocinero y todos los guardas, sin contar con que no tenemos motores fueraborda porque los hemos tenido que sacar nosotros para arreglar, ya que nuestro jefe debía estar muy ocupado y no ha tenido tiempo desde hace cinco meses y los grupos llegan casi ya. No es que me esté estresando es que simplemente me estoy hartando de hacer cosas que no me corresponden y para las que no he estudiado 10 años de carrera, (sic).
Aunque la verdad es que las cosas van bastante bien, a base de trabajar demasiado, y ya queda mucho menos y todo esto valdrá para el resto de la temporada. Hoy nos ha llegado un correo de una profesora de EEUU confirmándonos una propuesta muy interesante para la reserva y son ese tipo de proyectos que van saliendo que te hacen ver que tanto esfuerzo merece la pena. La temporada que viene ya tenemos casi asegurado un curso de primatología para postgraduados. Estos tipos de cursos son la materia prima con las que se sostiene una estación biológica como la que pretendemos montar y como en todo, lo difícil es empezar.
Acabo de despachurrar la polilla, que ya no estaba en medio de la pantalla sino en la R y ahí se han quedado las escamas de sus alas, después que quitar los restos más gruesos.
Toda la gente que viene para trabajar con nosotros durante la temporada ya está aquí. Son todos bastante jóvenes, entre 23 y 25. De momento hay buen rollo y parece que están en un campamento pasándolo bien, no parece que estén aquí para trabajar, a veces eso es un poco desesperante, estar arrastrando a tanta gente para que haga cosas, las cosas que, en su carta de intenciones, eran la ilusión de su vida y por lo que han estado luchando toda la vida.
Desde luego ¡qué mentirosos somos en los CV y en las cartas de motivación! Y no solo eso, todos los que vienen este año tenían inglés nivel alto o muy alto. Por supuesto lo que ellos dicen lo bajamos a alto o medio, pero ¡coño!, subirse dos niveles de una vez... Hay algunos que hablan poquísimo, vamos que podría poner una academia y venderme como profesor nativo. Me gustaría ver las caras que pondrán cuando un gringo les pregunte algo.
Os envío la dirección de la oficina. Creo que ya os he contado algo al respecto con las direcciones de por aquí. El caso es que tienen la ciudad dividida en calles y avenidas, unas perpendiculares a otras, con lo que es muy fácil ir de un sitio a otro. Es cuestión de saber contar. Pero, tu coges un taxi y por ejemplo, les dices la dirección oficial de la oficina: Avenida 10, entre calles 27 y 29, Nº 2550 y el taxista te dirá algo así como: ¡Ahí le quedo mal! Que quiere decir que no tiene ni idea de cómo ir a pesar de estar bastante cerca del centro que es la Avenida central con la Calle central. Claro, si te sitúas en la Avenida Central y vas a la 10, pues vete hacia las avenidas pares, cuenta cinco y ya.
¡Fácil verdad!
¡Pues no!
Si queréis que el taxista os lleve a buen puerto tendréis que decirle: De casa Matute Gómez, 350 metros Este, casa color papaya y rojo a la derecha.
La casa Matute Gómez es una casa antigua que sirve de referencia a todo el barrio y el color papaya debe ser bastante reconocible por los carteros. Y en esto de las referencias las hay de lo más peregrino. En una zona muy popular cercana al centro de San José, todas las direcciones están referenciadas al "antiguo higuerón", que no es más que un árbol de la familia de las higueras (el género Ficus tan conocido en el mundo de las plantas de interior) que ya no está.
¡Imagínate si para buscar una casa cualquiera de un barrio cualquiera, tienes que buscar su referencia primero, que no es más que un árbol que ya no existe!
Así que, si me queréis mandar algo, ya sabéis cómo.

05 diciembre 2004

Guatemala

Afortunadamente Mónica conocía a Estichu, que trabajaba para la FAO en Guatemala Ciudad, y que nos acogió en su casa (conocida en su trabajo como Casa: Estichu acoge) muy amablemente.
Ella nos recomendó, nos guió y nos presentó a sus amigos con los que salimos por la capital más peligrosa del país considerado más peligroso de Centroamérica. Estuvimos en una zona de copas para los ricos de Guatemala que está muy bien.
Una cosa que te das cuenta enseguida es que Guatemala es un país con enormes diferencias sociales, mientras ves en la calle un montón de coches europeos caros con escolta delante y detrás (Guatemala es el país del mundo con más número de helicópteros civiles por habitantes y eso es porque los ricos prefieren moverse en este medio, mucho más seguro), ves también niños a las puertas de los restaurantes pidiendo algo para comer, algo que no habíamos visto en Honduras ni en Nicaragua, países con un PIB mucho menor que Guatemala.
De Ciudad de Guatemala o Guatemala Ciudad, tanto monta monta tanto, fuimos a Antigua, antigua capital del país y uno de los mejores ejemplos de ciudad colonial de Centroamérica, y de allí a la playa en la zona que llaman Monterrico, donde hay varios proyectos de conservación de tortugas que son famosos porque los sábados sueltan las tortuguitas recién nacidas y los turistas hacen apuestas a ver quien llega primero. Las ganancias, se supone, sufragan los gastos del proyecto.
Tras Monterrico fuimos a Flores donde nos reunimos con Fran para ir a Tikal.
Tikal son probablemente las ruinas mayas más famosas del mundo y fuimos pero dando un rodeo por la selva de tres días andando.
Lo mejor de la aventura, que transcurría por increíbles selvas que se han comido multitud de ruinas mayas, era nuestro guía: Cristóbal Uno.
El uno era porque su padre se llamaba Cristóbal y sus hermanos también, pero seguido de dos y tres, en el lugar de uno, y era realmente un cachondo que no paraba de contar historias mitológicas, que si el sombrerudo, que si la llorona, que si el greñudo… y casi todos los remedios de todas las plantas medicinales se basaban en la regulación del tránsito intestinal, que si demasiado deprisa que si demasiado despacio, salvo uno, que servía para hacer dormir a los niños cuando no pueden dormir. Tu les pones unas hojas en la frente, les acunas tres o cuatro horas y se duermen… Buen remedio ¿eh?
Tras tres días caminando por la selva, durmiendo en el suelo, sin ducharnos, con garrapatas y pulgas y un aspecto deleznable, llegamos al centro de Tikal, lleno de turistas de todo incluido con sus mejores galas.
Subir a las pirámides rodeados de semejantes personas es curioso. Llegaban arriba tan cansados como si hubieran subido el Everest y resoplaban tanto que a Fran no se le ocurrió otra cosa que montar un puesto de inflar globos. ¡Él siempre con tanta visión comercial!
Volvimos con Fran a Antigua donde nos invitó a su casa un amigo cooperante de Estichu, José Luis, al que no conocíamos de nada. De allí Fran se volvió a San Francisco y nosotros fuimos a Chichicastenango, donde hay un mercado maya muy interesante.
Tras el mercado y para terminar visitamos el lago Atitlán, rodeado de pueblos mayas donde en cada uno hablan un idioma y visten diferente (en un país tan pequeño como Guatemala hay 23 idiomas diferentes y otras tantas etnias).
La vuelta por Méjico fue rápida y según nos acercábamos a nuestro destino empezamos a echar de menos nuestras increíbles vacaciones.

03 noviembre 2004

Honduras

Lo primero que vimos al llegar a La Ceiba, en Honduras fueron las noticias. En un reportaje hablaba un hombre muy mayor que además estaba muy mayor y que resultó ser el presidente de la susodicha república.
Parecía muy triste y compungido mientras mostraba, con toda la vehemencia que su avanzada edad le permitía, su malestar y desacuerdo con una nueva ley promulgada en un país corrompido por el socialismo, otrora la madre patria hondureña.
El país caído en desgracia era, obviamente, España y la ley, la que permite casarse a las parejas homosexuales.
De La Ceiba fuimos a Roatán una de las islas e la Bahía y que forma junto a Utila, Guanaja y otros pequeños islotes y cayos, la barrera de arrecifes más grande del Caribe.
Lo que está claro es que a Roatán fuimos a bucear y hay pocos lugares como las islas de la Bahía de Honduras para bucear, tanto por la calidad de los buceos como por el baratísimo precio de las inmersiones.
Nos alojamos en un lugar llamado "Matt 620 Treassure Hunter", donde el alojamiento estaba incluido cada día que buceáramos con ellos, como es norma en la isla.
Más tarde nos dimos cuenta que Matt 620 es un salmo de los evangelios y que el dueño del tinglado es cristiano evangelista antievolucionista y pelín cansino.
Los buceos fueron increíbles, entre otras cosas porque debajo del agua no se puede hablar. Tras los mismos nos explicaba que la evolución no tenía sentido y que ver a los peces con tantos colores era la razón más obvia que se puede dar.
No entramos al trapo.
En un principio íbamos a estar cinco días y hacer diez inmersiones pero una tormenta tropical, que sentimos en el barco de regreso, hizo que se quedara en tres días y cuatro inmersiones (el sábado no se trabaja).
A la vuelta a La Ceiba fuimos al Parque Nacional Pico Bonito, un parque realmente impresionante, con el Pico Bonito de algo menos de tresmil metros pero menos de cien ascensiones documentadas.
Allí estuvimos haciendo excursiones por el río Cangrejal y disfrutando de una zona de selva y montaña a la que volvería encantado.
En La Ceiba también fuimos al cine y pasó una de esas cosas que puestas a que te pasen sólo puede pasarte en Honduras. Resulta que en un momento de la película (patética película) el malo ofrece al malo malísimo un puro cohiba. El malo malísimo, que era cubano, lo mira e inmediatamente lo tira al suelo con desprecio diciendo que nos es cubano sino ¡hondureño!, la que se lió en el cine nada tuvo que envidiar a la que se lió en la pantalla. Esta situación me recordó una que me pasó hace años nada más llegar a Polonia. Entramos en un bar y todos los clientes estaban viendo en la televisión un partido de fútbol entre ¡Polonia y España!
Tras La Ceiba fuimos hacia Guatemala pero pasando antes por las ruinas mayas de Copán, que si bien no son las más grandiosas, son, al parecer, las más elaboradas en sus bajorrelieves y las que más información han suministrado a partir de los mismos.

30 octubre 2004

Nicaragua...¡Sandinista!

Catorce horas y 300 Km. más al norte y llegamos a nuestro siguiente punto de retiro vacacional, la isla de Ometepe, que según dicen los lugareños es la isla en un lago de agua dulce más grande del mundo, no sé si será cierto o no, pero lo que estoy seguro es que es un sitio muy bonito.
La isla se compone de dos volcanes bastante grandes unidos por sus coladas formando una figura de sujetador, si estuviera en la Alcarria lo llamarían las tetas de Nicaragua.
Estuvimos seis días donde vimos, bosques nublados muy bonitos, cascadas muy bonitas, lagos muy bonitos (lagos dentro de una isla dentro de una lago), islas muy bonitas (islas dentro de lagos dentro de una isla dentro de un lago) y puestas del sol de esas a las que hago fotos para que algunos se rían mientras otros dicen ¡qué bonito!
Un día alquilamos un kayak de dos plazas y comprobé que el remo tampoco es lo mío en cuanto a deporte se refiere, creo que por lo comprobado hasta ahora, sólo me queda que se me dé bien el dominó, porque para todo lo demás, definitivamente no tengo condiciones. Aún así con el kayak llegamos a una pequeña isleta llamada la Isla de los Monos y que debería llamarse la isla del doctor Mureau, porque los monos de allí son más bien mutantes y si no llega a ser por un rápido movimiento de remo, se abría subido al kayak instantes antes de haber leído un letrero: No acercarse, los monos muerden.
En Ometepe, cogimos el autobús más lento de cuantos hemos visto. Si ya sé que eso puede parecer imposible leyendo lo de 14 horas 300 Km. y cosas así, pero es que aquí cogimos uno con una marca de 40 Km. en cuatro horas, ¡Joder! ¡Si hasta yo hice la maratón más rápido!
Ayer llegamos a Granada, ciudad colonial muy bonita, (si alguien viene por aquí algún día le recomiendo el hotel Oasis, una casa colonial preciosa con unos patios increíbles, con Internet y llamadas a USA gratis, ya he llamado a Fran y ahora estoy buscando amigos de USA a los que llamar) que parece que es la ciudad más antigua de América.
Después de 12 días sin conectarme al correo electrónico, veo con sorpresa que casi todos mis amigos y familiares han tenido serios problemas que les ha impedido tan siquiera contestar mi anterior misiva; lástima esperaba noticias frescas. Pero eso no es lo malo, cuando entro en mi correo, veo que tengo 18 mensajes nuevos, ¡bien!, pienso, cuando abro la bandeja de entrada veo que sólo tres son de amigos y familiares, los demás son de torturólogos pidiendo información sobre la playa de la reserva.
Después de Granada fuimos a Managua, ciudad bien rara, por decirlo rápido, si bien, decir de Managua que es una ciudad, es mucho decir. Es verdad que tiene mas de un millón de habitantes, pero por ningún sitio ves lo que cualquier ciudad de ese tamaño tiene, mucha gente, muchos coches, muchas casas aglomeradas... Managua parece un barrio residencial de chalets, pero con mucha basura y poco dinero, con muchos mendigos y pocos BMW.
La impresión al llegar fue horrible, eso, unido a lo supuestamente insegura que es, nos hizo encerrarnos en un centro comercial hasta la salida del próximo autobús unas horas mas tarde. Es triste que el lugar mas seguro en una gran ciudad de América sea un asqueroso centro comercial, aunque parece lógico pues, que haya tanta gente y sean los lugares de reunión social.
Esa noche salimos a Bluefields, lugar legendario y algo mítico del caribe nicaragüense; hacen falta nueve horas de bus y cinco de lancha para llegar allí. Cogimos el bus con dirección a Rama donde nos esperaba una lancha que nos llevaría hasta Bluefields. El taxista al que confiamos nuestro recorrido hasta la estación de buses en Managua se llamaba, al loro, Pánfilo ( lo juro, tengo su tarjeta, ya os la enseñaremos), y no lo parecía mucho ya que a lo tonto nos sacó 15 dólares por un viaje que seguro que costaba menos de la mitad (incauto turista...). A su favor está que no nos robó.
El bus a Rama era, como decirlo, demasiado grande para ir por un camino de piedras durante ocho horas y demasiado pequeño para toda la gente y equipaje que debía llevar hasta allí; así que imaginaos el viajecito que tuvimos, de 9 de la noche a 4 de la mañana. Por supuesto de dormir ni hablamos.
La llegada a Rama, la bajada del autobús y el abordaje al bote para Bluefields requeriría de la habilidad literaria de Cervantes para ser descrita en su justa medida. Mi habilidad literaria da para dos palabras: Im presionante.
Aquello era un caos digno de mercado oriental. Pero allí descubrí, como es posible que cuando un minúsculo bote se hunde en un minúsculo lago de un minúsculo país y la noticia transciende al mundo entero por el elevado numero de muertos, (¿tendrá las agencias de prensa, algún baremo según el cual la importancia y difusión de la noticia se correlacione con el numero de muertos?), se conozcan con exactitud el nombre de los muertos y sus números de pasaporte en caso de haber extranjeros (incautos turistas...).
El milagro es como sigue.
Tu vas en un autobús en España, Europa y supongo que EEUU y demás países del primer mundo y a nadie se le ocurre pedirte el pasaporte o DNI. Y esto se puede generalizar para taxis, trenes, embarcaciones de todo tamaño y calado. Sin embargo, en los países subdesarrollados, donde la burocracia se correlaciona negativamente con el nivel económico, a nadie se le ocurre venderte un billete, por corto que sea el trayecto, sin pedirte el pasaporte y anotarlo en la lista de pasajeros.
Pero esto no es todo.
Cuando subes al bus, o cualquiera que sea el transporte de turno, una persona sube contigo, y no me refiero al predicador ni al niño de los helados ni la señora vendiendo papas, yuca, chicharrones, y pasa lista como en el cole.
Bueno, pues en Rama, nos apuntamos a la susodicha lista, al entrar al "puerto" y al embarcar. Cinco minutos después, una "azafata", pasa lista para verificar los viajeros y antes de zarpar, vuelve a comprobarla, no vaya a ser que alguien se haya podido mover entre cien mil bultos, maletas y gordas muy gordas, (¿por qué las muy gordas viajan tanto?, y ¿por qué hay tantas negras tipo mami de la señorita Scarlatta?), y demás enseres que es imprescindible llevar en tan cómodos trayectos, como el triciclo del niño, el colchón de matrimonio o la jaula de las gallinas, con las gallinas (elementos reales sacados de una muestra aleatoria de cualquier viaje centroamericano). Así que después de habernos "chequeado" tres veces en un mismo bote, partimos hacia nuestro destino.
Muy malos serian si se hunde y son incapaces de decir quien iba en ese bote, ¿no?
No es lo mismo en España, un bus vuelca, hay 50 muertos y tienes que disputar los restos mortales con 50 familias localizadas por 50 DNI encontrados siempre lejos de los cuerpos a los que pertenecían (curioso hecho científicamente probado, todo fallecido en un accidente de tráfico masivo, fallece descalzo y sin documentación en los bolsillos, que aparece a al menos 10 metros del cuerpo).
En este punto me doy cuenta que he escrito sobre muertos en dos cartas consecutivas y me pregunto si tendré algún problema serio del tipo "en ocasiones veo muertos"...
Llegamos a Bluefields y no nos pareció muy acogedor así que como no estabamos cansados de lancha, decidimos irnos a Pearl Lagoon, una hora y media más en lancha… y allá llegamos.
Todo el Caribe nicaragüense jamás ha estado bajo el mandato español, era territorio de los piratas ingleses y es el motivo por el que el inglés es el idioma predominante, si bien, después de la independencia, el gobierno criollo impuso el español en todo el territorio, por lo que la gente de acá es bilingüe.
Pero aquí bilingüe adquiere otro significado, no es como Mónica, que habla inglés y español como lenguas materna y paterna, no.
Bilingüe es el que habla dos lenguas, pero a la vez.
Así por ejemplo la gente te pregunta si vas a ir a Pear Lagonn en bote como sigue: You going Pearl Lagonn en panga? para los despistados panga es bote en español de acá y para los listillos que estudiaron inglés en el colegio comentarles que ellos no usan verbos auxiliares como el To Be, cosa que me parece muy bien, por cierto.
Luego además incorporan palabras de un lenguaje a otro sin el menor rubor y sin el menor rubor te dicen que I'm vagosing around, esto es, estoy haciendo el vago. Además su pronunciación es un tanto peculiar; por ejemplo en el bote a Pear Lagon dos personas hablaban de un autobús que les hacia la vida imposible y que les exigía demasiado y que si se retrasaban un poquito al llegar al trabajo ya se la montaban. En un principio puedes pensar que el sistema de transportes de estos lares es realmente malo y complicado, pero enseguida te percatas que ellos dicen "boss" como "bus" con lo que todo queda más claro y quitas responsabilidades a los desdichados autobuses.
Después de Pearl Lagoon fuimos a Corn Island, otro sitio ideal para montar una academia de idiomas.
Corn Island son en realidad dos islas, la "Big" y la "Little", primero fuimos a la "Big" que es donde llega el avión (nos apuntamos en tres listas, por increíble que parezca y nos "chequearon " en las tres).
Nada más llegar fuimos a la playa a dar una vuelta y nos encontramos con una pequeña cabaña de lata con un rotulo que decía: Hospedaje de Tortugas, y una flecha; al principio nos pareció un extraño nombre para un hotel; poco más adelante vimos el hospedaje y era realmente para tortugas, tortugas marinas, concretamente verdes.
Había como veinte tortugas dadas la vuelta y con las aletas cosidas las delanteras con las traseras, listas para ser despiezadas y vendidas.
Eso es humor negro y no lo mío, imagínate que vas al matadero y pone "Hospedaje de Vacas", para cuando las vacas se percatan donde se han metido, el eufemismo las ha matado, pero no de risa precisamente.
El caso es que allí había unos gringos, que a golpe de talonario o de tarjeta, habían pagado 2000$ para liberarlas, y allí estaban en plan "Liberar a Willy I, II y III" todo orgullosos y asegurando que las tortugas al entrar en el mar se daban la vuelta, sacaban la cabeza y les miraban agradecidas.
Poco después, otros pescadores se percataron del percal y nos ofrecieron una carey ( especie en grave peligro de extinción gracias a los peines y gafas de nuestros padres y de muchos pijos que aun hoy, compran gafas de Gucci y Armani a pesar de estar prohibido y ser prohibitivo) por solo mil pesetas. Por supuesto no caímos en la trampa.
Ya, está claro que mil pesetas no es nada, pero comprando las tortugas como lo hicieron los gringos o como lo podíamos haber hecho nosotros, no solo no mejoras el problema sino que lo fomentas. Las tortugas van a ser pescadas de nuevo al día siguiente y tu dinero estará mejor invertido en colaborar con algún programa de conservación de tortugas marinas (¿alguien conoce uno?).
Fue una situación bastante triste, yo no paré de hacer fotos como un loco y Mónica no paró de jalar de las aletas de las tortugas para llevarlas al mar. Aquello nos dejó bastante descorazonados, siete meses trabajando con animales como ese para que luego se conviertan en sopa. Eso si que es una bofetada de realidad; como dijo un famoso conservacionista, no hay conservación donde hay hambre.
El problema es que comerse ciertos recursos, lejos de solucionar el problema, lo acentúan y eso, obviamente, no lo sabe la gente que pasa hambre, ni le importa.
Al día siguiente fuimos a buscar otro alojamiento ya que no nos gustaba el que teníamos (dejo a los morbosos que vuele su imaginación sobre como sería para que saliéramos de allá). Llegamos al Nautilus, una casa donde además de alojarnos nos dejaban cocinar nuestra comida ( liberación de la esclavitud del arroz y los frijoles) y además nos llevaban a bucear.Hicimos dos inmersiones en una zona donde, según nos indicaron, se veía pescado grande. Así que vimos, mucho pescado grande, tiburones toro, tiburones nodriza, otros tiburones, rayas, y peces muy grandes que no eran ni tiburones ni rayas.
También hicimos buceo por nuestra cuenta sin bombonas, solo con el tubo y la verdad es que se ven muchas cosas, arrecifes de colores y peces, también de colores.
Tras la experiencia en "Big" nos fuimos un par de días a "Little". Aquello es otro ambiente completamente distinto.
Llegamos a "Derek's Place" un sitio muy bonito de un gringo y una catalana que no para de hablar. Eran unas cabañas de bambú y hoja de palma justo frente al mar cristalino lleno de arrecifes y playa de arena blanca. Al lado había otro sitio, "Ensueños", de un madrileño, con un sentido de la construcción bastante gaudiano, sus cabañas eran increíbles ejercicios de imaginación y las charlas con el dueño me recordaban a aquellas que a veces tienes con Fernando el de "Arrebato" cuando ya son las 4 de la mañana y acaba de leer un libro de metafísica India justo después de una articulo de física cuántica. Interesantes, muy interesantes.
Ana, la catalana, nos preparó una comida muy rica que nos recuerda lo bien que se come por allí, todo aderezado con aceite de oliva que le envía su madre (¿escolti tu, se lo cobrará?)
Si alguna vez vais a Corn Island, os recomiendo que paséis más tiempo en la pequeña. Os lo digo yo, que pase mas tiempo en la grande.
Regresamos a Managua volando (literalmente, ya está bien de buses y pangas) y de allí nos fuimos a Tegucigalpa, Tegu para los hondureños. Allí no pasamos más que el tiempo justo para ir a La Ceiba, al norte de Honduras y desde donde se pueden hacer un montón de cosas, entre ellas ir a las islas de la Bahía, Roatán, Utila y Guanaja.
Ante la imposibilidad de ir a todas, decidimos ir a Roatán, lugar donde transcurrirá la siguiente carta.
Mientras tanto, que sepáis que ya hemos quedado con Fran en la Ciudad de Guatemala el día 20 de Noviembre y espero que no pase como con Alvaro en Praga...

10 octubre 2004

Refugio de Vida Silvestre de Ostional

Tras siete meses trabajando diariamente con tortugas, la mayoría de la gente tendría pesadillas con playas llenas de tortugas que salen sin parar y a las que no tienes tiempo de contar y mucho menos para marcar.
Pues ese, ese era nuestro primer objetivo de las vacaciones, hacer nuestras pesadillas realidad.
Fuimos a la playa de Ostional, (lo más adecuado según convenimos para nuestras vacaciones era ir a la playa), donde se da un fenómeno llamado arribada, donde las tortugas llegan de miles en miles en lugar de una en una, así en los cuatro días que estuvimos allí, se contaron más de 160 mil tortugas.
Estuvimos en la Estación Biológica Douglas Robinson de la Universidad de Costa Rica, colaborando voluntariamente para el censo de la arribada. El censo consistía en recorrer un trozo de playa de unos 1000 metros en unos 10 minutos y contar todas las tortugas que salen del mar, sólo las que salen; una vez que llegas al final, esperas otros 10 minutos y comienzas de nuevo, así toda la noche, todas las noches. Allí nos organizaron en turnos de 2 horas, pero como nos parecía poco decidimos proponer al coordinador hacer turnos más largos con el objeto de que la gente descansara más de seguido. Por supuesto aceptó en cuanto se percató que le excluíamos a él del conteo. Así que aproximadamente hacíamos 10 Km. por noche, si no llovía…
La cuarta noche me tocó el turno de las 20:30h. Estaba lloviendo bastante, crucé un pequeño arroyo para llegar a donde teníamos que comenzar el transecto, relevé al voluntario (Ramón, que había estado con nosotros como asistente en Pacuare; si es que hay mucho masoquista...) que hacía el turno anterior y empecé el mío.
Seguía lloviendo, cada vez más. Empezó una tormenta y después de cada rallo contaba los segundos para calcular la distancia a la que estaba, había decidido abandonar la playa si había menos de 4 segundos. En una playa, tú eres el punto más alto. Después de contar dos veces tan sólo tres segundos me dije, la próxima sí que sí.
No hubo próxima.
A eso de las 23:00 debía entrar Mónica, pero el pequeño arroyo había tomado aires de grandeza y se había convertido en un impetuoso río que arrastraba todo tipo de troncos y basura, imposible de cruzar. Además, los troncos se confundían con cocodrilos y… bueno, quizá hubiera podido esquivar troncos y nadar a contracorriente, pero además apartar a manotazos cocodrilos se escapaba de mis posibilidades.
Grité a Mónica que no cruzara el río, cosa que desde luego no pensaba hacer, y desde la otra orilla alguien al que no se le escapa una, me gritó: ¡No se puede pasar! ¡Haga el conteo toda la noche!
Desde luego no sonaba muy alentador, ya llevaba tres horas caminando y cada vez había menos tortugas y más lluvia, pero como no había otra opción seguí con el transecto. Cada vez que llegaba al río echaba un vistazo y cada vez tenía más claro que estaría allí toda la noche contando tortugas.
A partir de la una de la mañana, 5 horas en la playa, se unió un nuevo elemento a la situación, ¡perros asilvestrados!
Ya sabéis que si de mi dependiera, mataría a todos los perros sin dueño del mundo, son lo peor para la fauna salvaje, bueno, lo peor son los gatos la verdad, pero al menos tienen el pelo más suave y no les canta el aliento.
El caso es que además de contar tortugas, mojarme, mortificarme con la última frase oída (¡haga el conteo toda la noche!), debía vigilar que un perro no me mordiera el culo, o tres perros y un culo. Así que en una mano llevaba la linterna para contar las tortugas, en la cabeza el frontal para apuntar al otro lado para vigilar los perros (vale, admito que quizá conté un perro por una tortugas), en la otra mano un palo bien grande, blandido con la firmeza suficiente para, al menos, morir luchando, y colgado en bandolera, un bolso con una libreta y un lápiz para apuntar las tortugas de cada conteo.
A la 1:30 ya estaba de vuelta de nuevo en el río, en el último conteo ya no había salido ninguna tortuga, lo que significaba que por ese día había acabado la arribada y que podía volver a la estación a descansar.
¿Volver? Nunca, un impetuoso río de agua y troncos y cocodrilos y basura y tortugas confundidas se resistía a dejarme volver. Esperé sentado en un tocón grande, mojándome un poco más y con las linternas apuntando a todos los lados a pesar de que hacía rato que no veía a los perros. La lluvia se fue calmando y la marea fue bajando, a eso de las dos vino Mónica de nuevo a ver si seguía vivo y en un arranque de… ¡quiero ir a mi cama! me ajusté el bolso, me quité la capa de lluvia, me apreté el frontal y me puse a nadar hacia la otra orilla.
Obviamente llegué sin problemas, no porque antes hubiera sobrestimado el tamaño y la corriente del río, sino porque había bajado mucho la marea. De todos modos he de decir que cuando lo crucé para iniciar el conteo, el agua apenas llegaba a medio muslo y a la vuelta no hacía pie en gran parte de río.
Al día siguiente se dio por finalizada la arribada y no hubo conteo, por lo que decidimos irnos y seguir nuestro viaje rumbo a Nicaragua.

08 octubre 2004

Vacaciones por Centroamérica: El principio

Al fin de vacaciones, ahora sí, aunque no pagadas.
Pensé que nunca iba a llegar este momento, que finalmente se retrasó porque a Mónica no se le ocurrió otra cosa que operarse de la vesícula a última hora, retrasando la salida más de una semana.
Salí de la reserva el cuatro de octubre, tuve un par de reuniones, una con el jefe para evaluar rápidamente y calcular el finiquito y otra con una organización que estamos montando entre los torturólogos, (fijaos que digo torturólogos de tortura y no tortugólogos de tortuga, por algo será), del caribe costarricense.
Mónica llegó el día 7, con casi dos horas de retraso, por lo que empezaba a temer de nuevo por mis vacaciones.
Resulta que todos los vuelos llegaban a su hora y en el aeropuerto de San José no hay tanto tráfico como para estar dando vueltas por el aire, así que ya estaba yo pensando que se había estrellado y que me iba a quedar sin vacaciones, además del rollo de tener que hacer todos los papeles de la repatriación del cadáver, que digo yo… quien quiere un cadáver churruscado que probablemente tan siquiera sea de quien esperas que sea.
Pero no, no se estrelló, sólo que fue el único vuelo del día retrasado.
Esa misma tarde nos fuimos a cenar con el jefe y su mujer (la segunda, por si hay alguna Maruja), que afortunadamente fue más bien corta, porque la verdad, quien quiere cenar con el jefe cuando estás a punto de comenzar las vacaciones y tienes que levantarte a las 4 de la mañana para coger un autobús que te llevará 200 Km. más allá en "sólo" 12 horas.

30 septiembre 2004

Cartas desde lejos

Como dice la cabecera de esta bitácora, hace tiempo que comencé a escribir a un montón de gente con este título que saqué del saludo que hacía el muñegote de Hilario Pino en "Las noticias del Guiñol"
El primer año en Costa Rica no teníamos ordenador y las cartas las escribía a mano y sólo llegaban a un destinatario. Por supuesto están perdidas.
El segundo año teníamos ordenador, pero no comencé a querer recopilar las cartas que yo mismo mandaba hasta que nos fuimos de vacaciones y de cybercafé en cybercafé iba escribiendo largas cartas que luego enviaba a todos todas.
Con estas cartas del viaje que hicimos Mónica y yo por Centroamérica a finales de 2004 comienzo esta bitácora.
Allá va.